De Alice Munro

     "A pesar de sus diferencias, Fern Dogherty  y mi madre eran amigas. Mi madre valoraba en la gente la mundología, el contacto con cualquier cultura o vida que implicara aprendizaje, y cualquier indicio de que su presencia era recibida con recelo en Jubilee. Y Fern no había trabajado siempre en la oficina de correos. No; hubo un tiempo en que estudió canto, en el Real Conservatorio de Música. Desde hacía años era miembro del coro de la iglesia unida: el domingo de Pascua entonaba Yo sé que mi Redentor vive, y en  las bodas cantaba Because, O Promise Me, y The Voice that Breathed O'er Eden. El sábado por la tarde, cuando la oficina de correos estaba cerrada, las dos escuchaban las retransmisiones de la Metropolitan Opera. Mi madre tenía un libro sobre ópera. Lo cogía y seguía el argumento identificando las arias, para las que ofrecía traducciones. Tenía preguntas que hacer a Fern, pero esta no sabía tanto de ópera como uno habría pensado; incluso no sabía bien qué estaban escuchando. Pero a veces se echaba hacia delante con los codos apoyados en la mesa, no relajada sino aguantándose alerta, y, burlándose de las palabras extranjeras, cantaba: Do...daa... do, do, da do-do. La potencia y la solemnidad de su voz al cantar siempre me cogían por sorpresa. No le avergonzaba dar rienda suelta a esas emociones grandiosas y exageradas a las que no prestaba atención en su vida cotidiana."

                                                                                                 en  "La vida de las mujeres".