¿Por qué me siento culpable si no estudio un día?

El estudio diario y comprometido es algo que todo músico asume tarde o temprano. Estudiar a diario es una práctica inherente a la carrera musical. Sin embargo, como no somos máquinas, no todos los días tenemos las mismas ganas ni la misma concentración para realizar nuestra práctica.

Sentirse cansado o desganado, preferir salir a tomar algo en vez de estudiar toda la tarde… son cosas normales, que le pasan a cualquiera. Uno no siempre está al 100%, no tiene por qué deberse a una cuestión de desmotivación, es que simplemente somos humanos y necesitamos descansar de vez en cuando.

El problema viene cuando finalmente decidimos descansar, salir a tomarnos ese café o simplemente tumbarnos en el sofá y empezamos a darle vueltas a la cabeza. ¿Soy un vago? ¿Pierdo el tiempo? Debería estar estudiando… ¿Por qué nos sentimos así? ¿Por qué nos sentimos culpables?

sofa ymanta

El sentimiento de culpa es una emoción que puede tener muchas causas y manifestarse de muchas formas. Puedes sentirte culpable por una razón objetiva -por ejemplo, insultar a un amigo durante una discusión-, o sentirte culpable por una causa que sólo está en tu mente -como descansar en lugar de dedicarte a estudiar.-

Según la psicóloga Jennifer Delgado, las personas que suelen experimentar sentimiento de culpa son personas con baja autoestima o personas muy perfeccionistas. Ambas características pueden darse en un músico, sobre todo el perfeccionismo. Como dice esta psicóloga, las personas que presentan estos perfiles tienden a polarizar las cosas, es decir: sólo hay blanco o negro. Curiosamente, este pensamiento dicotómico es muy propio de los músicos, como nos cuenta Guillermo Dalia en su libro Como ser feliz si eres musico o tienes uno cerca (que puedes adquirir pinchando en el link del título). Los músicos solemos ver las cosas o bien o mal. Esta incapacidad de relativizar las situaciones nos provoca sentimientos muy encontrados. Un día soy buen músico, otro día me considero malo. El concierto me ha salido o bien o mal. Esta rigidez de pensamiento favorece la aparición de emociones como el sentimiento de culpa.

Otro factor para la aparición del sentimiento de culpa es el hecho de actuar de manera contraria a nuestro sistema de valores. En ese sistema de valores seguramente se encuentre el trabajo duro y continuo para conseguir nuestros objetivos. Si no estudias un día, quizás sientas que estás faltando a tus convicciones.

¿De qué manera podemos afrontar este sentimiento?
  • Relativizar: Hay que ver los matices de cada situación y evaluarla en consecuencia. El estudio continuo es importante, pero también lo es el descanso físico y mental. No vamos a empeorar nuestra técnica por descansar, por ejemplo, un día a la semana. Además, debemos entender que si estamos cansados o desganados, de poco nos van a servir las horas de estudio que empleemos porque nuestra concentración será mucho menor. Sobre el tiempo que empleamos para estudiar puedes leer este otro artículo.
  • Plantear otro modo el estudiar: Mucha gente se planea sus sesiones de estudio en función de las horas que tiene para estudiar. Estudio 4 horas al día, estudio 6 horas al día, 7… Esto puede provocar que si un día, por cualquier razón, no puedes cumplir el cupo de horas, te sientas mal. Otra forma de planteárselo puede ser por objetivos. Puedes elaborarte unos bloques de estudio, y hacer un número de bloques al día. Cada bloque puede estar formado por ejercicios, por pasajes… lo que se te ocurra. Además de estos bloques, te puedes poner metas semanales o mensuales. Con estos objetivos marcados, puedes practicar más un día y otro menos (o nada), sabiendo que al final llegarás a la meta que te has marcado. Es una manera de ampliar horizontes, centrándote en grandes períodos de tiempo. Esta forma de trabajar te hará ver mejor los resultados, al igual que un deportista.
  • Pensar de manera lógica, aislando el sentimiento de culpabilidad: Hazte preguntas y responde con franqueza ¿He estudiado suficiente esta semana? ¿Qué va a pasar si descanso por hoy?… Probablemente tú sólo llegarás a la conclusión de que no pasa nada y no tienes porqué sentirte mal por descansar.

 

 

 

Esa cosa tan nuestra de pensar, ¡no tengo talento!

Los músicos tenemos ciertas características que nos hacen únicos, y no todas son buenas. Somos individualistas y competitivos, críticos y autocríticos. Tendemos a compararnos entre nosotros y a pensar que nuestras cualidades no son tan buenas como las del al lado. Que si… “he sacado menos nota que fulanito, porque claro, él hace mucha música, tiene ese gancho, y yo estudio más que él, pero soy más soso en el escenario…” O… “jolin, es que menganito estudia tanto que tiene una técnica casi perfecta, yo no soy capaz de echar más de dos o tres horas al día… así no voy a llegar tan lejos como él…” En fin, esas tonterías que nos decimos y repetimos, que no nos sirven para nada.  (Super recomendable sobre estos temas leer Como ser feliz si eres musico o tienes uno cerca de Dalia, Guillermo)

Pensando sobre esto, se nos ha ocurrido -aunque suene a frikada- usar el hexágono de habilidades que se ve en algunos videojuegos (enganchados al PES sabéis de lo que hablo) con las habilidades de un buen músico. El hexágono de habilidades, para los que no perdéis tiempo con los videojuegos -¡bien hecho!- funciona de la siguiente manera:

completo

Las habilidades con las que cuenta el músico se colocan como se ve en la imagen, repartidas equitativamente en un círculo. Si os fijáis bien, la posición de las mismas no es casualidad, ya que la disciplina lleva a la técnica, que lleva a la experiencia; el oído está relacionada con el ritmo, ya que son capacidades que podrían englobarse dentro de las innatas -aunque se puedan desarrollar-… ect. El gráfico que veis arriba sería el hexágono de habilidades de un músico completo: trabajador, puntual, constante, con una técnica bien desarrollada, con experiencia y conocimientos adquiridos con el tiempo, buenas capacidades rítmicas, buen oído, creatividad e intuición musical.

Sin embargo, la vida es muy injusta, y la gran mayoría de los músicos no somos así. Ponemos otros ejemplos, para que vosotros mismos veáis lo bien que este hexágono representa las habilidades (musicales y de cualquier tipo) de manera clara y sencilla.

musicalidad y oido

Este hexágono de habilidades que veis arriba sería el de un músico “talentoso”, como se suele decir, pero un poco vaguete y con poca experiencia.

disciplinado

Este otro hexágono nos mostraría a un músico muy trabajador, que ha conseguido formarse una buena técnica, aunque le falta adquirir experiencia y sus capacidades musicales de oído y rítmicas no son sobresalientes.

Cada músico tiene su propio hexágono. El problema es que nos pensamos que es invariable. Las seis habilidades que el hexágono refleja (que engloban muchas otras) son todas trabajables. Un buen músico sería por tanto aquel que sepa ver sus carencias y tenga el coraje de trabajar para mejorarlas. Muchas veces oigo a colegas decir cosas como… “A mí es que el ritmo se me da fatal, es que no sé medir bien…” ¡Oh Dios mio! ¿Qué vas a hacer? ¡Nunca vas a llegar a nada en la vida! (sacarsmo)… A veces entramos en la espiral del no puedo, nos ponemos el muro (o nos lo ponen), y de ahí no salimos. Todo en la música acaba en una sola palabra TRABAJO. Así que, ya sabéis, ¡menos quejarse y más trabajar para conseguir vuestro hexágono perfecto!


El músico dañino

Este post no va sobre un tipo de músico que exista como tal y que siempre se comporte de determinada manera. Va de ese músico dañino que a veces todos llevamos dentro. El de la mala actitud con los demás y consigo mismo. El que nos impide avanzar, nos daña y daña los demás.

El mundo de la música clásica es altamente competitivo. Además, esta competencia es directa y a menudo personal. Los músicos solemos conocernos entre nosotros, y tan a menudo podemos compartir escenario como enfrentarnos en una prueba de acceso, una audición, unas oposiciones, un concurso…etc. Esta relación personal-laboral es complicada de llevar. A veces surgen en nosotros actitudes negativas y dañinas, fruto de esta complicada relación.

La música inunda nuestro día a día. Es más que una ocupación o una profesión. Es un modo de vida. Por ello es normal que de esta forma tan personal de tomarnos la música surjan todo tipo de actitudes, positivas y negativas. Uno no hace más que luchar por sus logros personales, por su triunfo y por su carrera.

¿Cuáles son las actitudes del músico dañino? Como ya hemos dicho,  un músico dañino puede serlo consigo mismo o con los demás.

envidia musico

Consigo mismo:

  • Excesiva autocrítica: Para el músico dañino nada de lo que hace está a la altura. Nunca alcanza el nivel de los demás y se martiriza por ello. “No valgo” “Toco mal” “No tengo talento”
  • Ningún logro es suficiente: Por más que consiga pequeñas-grandes metas, siempre las achacará a la suerte o al contexto, nunca a su trabajo o al talento.
  • Falta de valentía: A la hora de enfrentarse a hitos en su carrera (concursos, pruebas…), siempre escogerá el camino fácil, excusándose en que no tiene tiempo para prepararse, no da el nivel…etc.

Con los demás:

  • Todos son unos enchufados menos él: Lejos de alegrarse de los logros de sus compañeros, siempre lo achacará a amiguismo, contactos… Además, alimenta este tipo de rumores.
  • Crítica destructiva: Observar y criticar es un buen ejercicio de aprendizaje. Sacar faltas por sacar es una mala práctica que sólo nos daña.
  • Incomoda a sus compañeros: En vez de apoyar a los que le rodean cuando tiene que tocar o cantar en conjunto, incomoda al compañero cuando comete algún error.
  • Esconde siempre las noticias de convocatorias para conseguir trabajo, con la esperanza de quitarse competencia, sin pensar que si sus compañeros están buscando trabajo, lo encontrarán del mismo modo que él lo hizo.
  • Se alegra del fracaso ajeno. Siempre que un compañero tiene una mala nota, un mal día de actuación… Se alegra interna o incluso externamente.

Seguro que te habrás reconocido en algunas de estas actitudes e incluso has recordado otras que también son igual de dañinas. A veces a los músicos nos sale este músico dañino de dentro. Todo esto está muy relacionado con nuestra autoestima. Cuida tu interior igual que cuidas tu técnica.


La actitud en el escenario

Como en todos los ámbitos de la vida, la interpretación musical está conformada por aspectos diferentes que se combinan entre sí. Talento, trabajo, fuerza, creatividad, presencia, carisma, técnica…

palabras

 

Casi siempre nos centramos en los aspectos más técnicos y creativos cuando estudiamos. Buscamos nuestra interpretación más “musical”, con colores, matices, buena ejecución técnica… Pero a veces olvidamos un aspecto muy importante de la interpretación: la actitud en el escenario. Un músico una vez que se sube al escenario debe cambiar su modo de actuar, pasar de ser la persona a ser el artista. Igual que un actor que asume su papel. Debe dejar a un lado sus preocupaciones cotidianas, sus sentimientos reales y mostrar lo que la música pide que muestre.

La actitud como solista o en grupo de cámara

Cuando tenemos que tocar en un concierto, ya sea en el auditorio del conservatorio o en un gran escenario, nuestra presencia ha de ser impecable.

  • Vestimenta: Una actuación es algo serio e importante en nuestra vida. Con nuestra manera de vestir debemos transmitir al público nuestro respeto por la situación y por ellos. Depende de la actuación, pero en general debemos vestir para presentarnos ante los demás como músicos seguros y profesionales.
  • Entrada al escenario: Siempre con paso seguro, demostrando entereza (por muy nerviosos que estemos). La cabeza alta, los hombros rectos. Nada de andar encogidos o dubitativos. En el caso de los grupos de cámara, guardad un orden de entrada al escenario. Toda esa coordinación dirá mucho de vosotros como grupo.
  • Gestos y respiraciones al tocar: Una buena forma de demostrar el control sobre la partitura es acompañar nuestra manera de tocar de gestos y movimientos naturales. Respirar (para pianistas, guitarristas, instrumentistas de cuerda en general…) es también un indicativo de seguridad y concentración.
  • Saludo al público: Siempre con humildad, aceptando todos los aplausos que vengan y saludando las veces que sea necesaria. Por poco satisfecho que te hayas quedado con tu actuación, si el público está contento debes agradecerlo. Si alguien se te acerca para darte la enhorabuena, acéptalo y da las gracias, aunque tú sepas que algunas cosas no hayan ido bien. Si tocáis en grupo, saludad de manera coordinada.

La actitud dentro de la orquesta

Las orquestas tienen su propia forma de funcionar. Para dar una buena sensación de conjunto, cada individuo tiene que mostrarse implicado en la actuación.

  • Vestimenta: Respeta siempre el protocolo para vestir de la orquesta en la que toques. ¡Usa los mismos tonos de negro en tu ropa! Cuida detalles como calcetines. Cuida la elegancia, ya que estás trabajando y durante el concierto eres parte de la imagen de tu orquesta.
  • Levantarse y sentarse: Sé disciplinado y hazlo sólo cuando el concertino lo haga. Cuando te levantes, si tu posición en la orquesta no es de frente al público, colócate de esa manera. Cuando la orquesta se pone en pie está saludando al público y recibiendo sus aplausos, no los recibas de lado.
  • Actitud activa: No toques recostado en la silla, no cruces las piernas, no te distraigas en los tacet… Debes demostrarle al público y a tus compañeros tu respeto por la orquesta y por tu trabajo.

La actitud en un examen o prueba

Aunque no te lo parezca, tener una actitud de “comerse el mundo” en un examen o prueba te da muchos puntos. Hay que creérselo para que se lo crean los demás.

  • Vestimenta y aspecto: Intenta transmitir mediante tu imagen que el examen o prueba te importa. Ten en cuenta, si vas a una prueba u oposición, que el jurado no va a entrevistarte. Toda la información que tienen sobre ti se la vas a dar mientras toques, y no sólo juega el sentido del oído. La vista también tendrá mucho que ver.
  • Entrada al escenario: Demuestra seguridad, como ya hemos dicho antes.
  • Actitud tocando: Haz un poco de “teatro”. Muévete, libera tu interpretación, haz ver el control que tienes sobre lo que tocas (aunque no sea cierto). ¡Aparéntalo!

 


Sumial. La gran equivocación de tomar betabloqueantes para paliar la ansiedad escénica

Ya hemos hablado en varios artículos de la ansiedad y el miedo escénico. Hoy queremos ocuparnos del escabroso tema de los betabloqueantes. Este tipo de medicamentos están principalmente indicados para aquellas personas que padecen del corazón. La Fundación Española del Corazón explica:

El efecto final [de los betabloqueantes] es una reducción de la frecuencia cardiaca, la presión arterial y la contractilidad (fuerza del corazón) favoreciendo la diástole (llenado) cardiaca y con esto mejorando la función del corazón y el flujo de sangre a las arterias coronarias.

Muchos músicos han decidido “rendirse” ante la ansiedad escénica y los nervios y han acabado por caer en la toma de este tipo de medicamentos. Uno de los más populares es el SUMIAL. Esta pastilla no sólo es conocida entre músicos, también es muy común entre opositores. Las entradas en foros, webs, blogs… sobre el Sumial son muy numerosas. Lo más alarmante de todo es que este medicamento se toma sin receta y sin consultar con ningún médico. Y no es como tomarse un paracetamol, el Sumial tiene muchos efectos secundarios y contraindicaciones. Podéis comprobarlo por vosotros mismo leyendo el prospecto.

sumial 40mg

Es un parche, no una solución

Tomar pastillas puede parecernos una solución fácil a un problema que se nos puede hacer monumental, como es sentir ansiedad escénica. Pero si cada vez que tenemos que tocar en público o presentarnos a un examen vamos a tener que tomar una pastilla, el problema realmente no desaparece, sólo se oculta. Estamos creando, de hecho, otro problema: sin pastillas seremos incapaces de tocar sin miedo. Y esta sensación es muy peligrosa, te hace dependiente. El camino para controlar el miedo escénico es lento y costoso, conlleva mucho trabajo mental y personal. Debe comenzar en un crecimiento de nuestra autoestima musicalen el cuidado de nuestro cuerpo, el trabajo de la relajación muscular, el control mental… Es todo un proceso, pero el miedo escénico se puede controlar sin necesidad de parches.

Lidiar con la performance forma parte de ser músico

El trabajo de un músico no tiene sentido sin el público. Podrás tocar genial entre las cuatro paredes de tu habitación o tu sala de estudio, pero si no puedes hacerlo delante de los demás, tienes que luchar para conseguirlo con tus propias capacidades. Un músico es un artista, puede y debe sentir algo de nervios, pues esto demuestra el respeto que le tiene a lo que hace, pero debe saber utilizar estas sensaciones en su favor. El Sumial y todo este tipo de medicamentos colocan un gran telón entre tú y tu interpretación. Nunca conocerás todas tus posibilidades en el escenario si no puedes tocar “al natural”.

El Sumial y la adicción

Si comienzas a tomar pastillas para poder tocar en el escenario es posible que llegue el momento en que no puedas tocar sin tomarlas. Tomar Sumial sin control médico puede desencadenar en una adicción, es posible que cada vez toleres más la dosis que tomas hasta que deje de hacerte efecto y necesites algo más. Citamos el testimonio de la cellista Rachel Lander, que acabó mezclando las pastillas con el alcohol:

Mi médico me recetó fuertes fármacos, y como medida de ‘precaución’ mezclé las pastillas con el vodka. […] La naturaleza progresiva del alcoholismo hizo que rápidamente mi ‘cóctel’ de propranolol y vodka dejara de funcionar. Me pasé al Valium. Tomaba más y más para sentirme normal, y los ataques de pánico me empezaron a dar todo el rato, incluso cuando no estaba tocando.

La toma de pastillas no es la solución para tus problemas de ansiedad. Los medicamentos deben tomarse siempre bajo supervisión médica. Antes de tomar Sumial, plantéate a comenzar el proceso del que te hemos hablado, el de controlar tu ansiedad escénica con tus propios recursos.