REFLEXIONES SOBRE LA RESPIRACIÓN EN LA ENSEÑANZA DEL CLARINETE. Parte 2.

Cuando trato el tema de la respiración en la clase de clarinete, hay una frase que siempre evito por todos los medios: “respiras mal”.

Si nos paramos a pensar, ningún alumno respira realmente mal. Las personas que respiran mal están desgraciadamente en el hospital o requieren oxígeno extra para vivir. El resto, hacemos lo que podemos.

Por supuesto hay maneras más o menos adecuadas de respirar para tocar un instrumento de viento. Por supuesto podemos mejorar nuestros hábitos respiratorios, lo cual no sólo favorecerá nuestro desarrollo instrumental en particular, sino también nuestra salud en general.

Levantar los hombros, por ejemplo, no tiene por qué estar directamente relacionado con una respiración “alta” (desaconsejable para una respiración adecuada). Cualquiera que se haya ocupado un poco de la fisiología de la respiración sabe que la cintura escapular es un conjunto de articulaciones “posada” sobre la caja torácica, con la que se une mediante músculos y tendones, pero que necesita de un movimiento mucho más amplio que un pequeño alzamiento de hombros para colaborar con la apertura hacia arriba de la caja torácica. En todo caso, tener los hombros levantados es un signo inequívoco de tensión general y debe evitarse para una buena postura en general y para desarrollar una buena sujeción del instrumento y adquirir una buena técnica de dedos.

A mi personalmente me gusta empezar el trabajo consciente de la respiración para generar un soplo en el instrumento que sea eficaz y ayude a desarrollar un buen sonido.

A veces es más fácil decir “baja los hombros” o, lo que es peor, “no subas los hombros” y ya está, que pasar por un camino más largo y cuidadoso, de observación, concienciación y práctica.

respirando

 

 

 

Lo cierto es que, a partir de cierto punto, “hay que tocar con mucho aire”  y es absolutamente normal que el alumno (tengo en mente un principiante) haga “demasiado” para lograr llenarse o para tener la sensación de que está lleno de aire. Es más que probable que levante los hombros, que tense la cara, el cuello, los brazos y las manitas… Y aún así no “coja” todo el aire que piensa que necesita!

Es ahí donde empiezo el camino de lo que yo llamo la “profundización”. Qué palabreja. Profundizar el aire no es más que observar y aceptar nuestra respiración en reposo (trabajamos en postura tumbada, sentada y de pie) e ir alargando la inspiración para ir, poco a poco, involucrando la musculatura respiratoria más profunda. Empieza un camino de nuevas percepciones y sensaciones.

La construcción de sensaciones a lo largo del aprendizaje instrumental es crucial para mi manera de afrontar la pedagogía instrumental. No sólo en la cuestión de la respiración y el soplo, sino para la totalidad de los elementos técnicos y musicales que se vayan a trabajar. Por otro lado, es de igual importancia la formación del oído, aprender a escuchar y a saber qué es lo que queremos escuchar. La construcción de sensaciones por sí misma quedaría incompleta si no va relacionada con un resultado sonoro concreto.

Por tanto, el trabajo respiratorio fuera del instrumento es vital para mi manera de enseñar a tocar el clarinete: reconocerse a uno mismo en la propia respiración, ir desarrollando sensaciones y creando buenos hábitos respiratorios, relacionarnos de una manera “viva” con el instrumento (para lo cual necesitamos un buen trabajo de embocadura) y generar un soplo eficiente para lograr una sonoridad plena, flexible y adecuada a la música que vamos a interpretar…

¡Gracias por leer!

Cecilia

 


Archivado en: clarinete, Educación, Reflexiones, Respiración Tagged: clarinete, cuerpo, curso respiracion, enseñanza, pedagogía, sonido, trabajo corporal

Qué hacer si tu hijo quiere aprender música

Son muchos los padres que se deciden por introducir a sus hijos en el mundo de la música. Ya sea porque les parece una buena opción para complementar su educación, porque tienen tradición musical en la familia o porque su hijo se lo sugiere. Sin embargo, muchos se ven perdidos a la hora de elegir dónde y cómo puede su hijo estudiar música. He aquí algunas claves.

La edad ideal

Tradicionalmente, se considera la edad más idónea para aprender música los 7 u 8 años. Es una edad ideal, en la que el niño aprende de manera muy rápida y asombrosa y está más receptivo al aprendizaje musical en concreto.

Sin embargo, es posible iniciarse en la música desde los 3 años de edad. Depende de muchas variables, pero sobre todo del niño. A edades muy tempranas es difícil conseguir que los niños se centren en una cosa sino es mediante juegos. De hecho, muchos niños tienen problemas al entrar en preescolar porque son incapaces de mantenerse quietos o callados durante un buen rato. Es normal, ¡son niños! Por otro lado, empezar demasiado pronto les puede frustrar, ya que pueden encontrarse con que les cuesta aprender, o con que es demasiado para ellos.

La edad más tardía para empezar se sitúa en los 10 años. Se ha demostrado que los niños desarrollan ciertas capacidades en algunas fases de la infancia mucho mejor que cuando estas fases pasan. Estos períodos se llaman ventanas de oportunidad: momentos en que las neuronas son más activas y facilitan ciertos aprendizajes. La ventana de oportunidad para la música está abierta entre los 3 y los 10 años. Sin embargo, esto no quiere decir que no se pueda aprender más tarde. Sólo que es la etapa más idónea.

Dónde puede aprender

Hay dos tipos de centros oficiales donde se puede aprender a tocar un instrumento: por un lado están los Conservatorios Profesionales y por otro, las Escuelas Oficiales de Música.

Por su parte, los Conservatorios Profesionales ofrecen dos grados: El grado elemental, que son los cuatro primeros años, y el grado medio, que son seis años más. Para pasar de un grado a otro hay que hacer una pruebas de acceso. Además, el Conservatorio Profesional está orientado a la carrera musical, por lo que te prepara para acceder al Conservatorio Superior para cursar los cuatro años que corresponderían a un estudio universitario. Por último, los Conservatorios permiten obtener una titulación oficial.

Por otro lado, tenemos las Escuelas de Música. Estos centros son más flexibles y se adaptan más al alumno. También ofrecen la posibilidad de, una vez iniciado en la música a través de la Escuela, el alumno pase al Conservatorio. Son centros ideales para aquellos niños que no necesariamente buscan la titulación musical. Así pueden comprobar si la música les gusta, si les llama la atención y después, si se deciden a profesionalizarse.

Además de los centros oficiales, existen también centros privados o profesores particulares. De esta forma no puedes garantizarte un título, pero sí un aprendizaje personalizado guiado por un profesional.

Qué beneficios tendrá

Muchos estudios han comprobado que estudiar música tiene  múltiples beneficios para los niños. Sus capacidades neurológicas aumentan gracias al aprendizaje musical. Es una actividad muy completa, que combina capacidades motrices e intelectuales. ¡Hasta se ha demostrado que los niños que aprenden a tocar un instrumento son mejores en matemáticas! Desde mi propia experiencia, aprender música me ha abierto la mente, me ha hecho más activa en los estudios, más organizada y responsable, más centrada y más sensible.

Estudiar música son todo ventajas para un niño:

  • Aumenta su atuoestima
  • Mejora sus capacidades motoras e intelectuales
  • Mejora su capacidad lingüística
  • Potencia la memoria
  • Aumenta su coordinación y su capacidad de expresión corporal
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Repetir y repetir, ¿sí o no?

Sin duda, a pesar de los avances pedagógicos, la repetición sigue formando parte de la práctica del instrumento. La tradición de la técnica dicta que, cuanto mas repitas un pasaje, mejor te saldrá. Sin embargo, ¿es esto correcto? ¿es la repetición una buena técnica de estudio?

La actividad musical es una actividad compleja, que implica tanto facultades motoras como mentales. Estudiar música y tocar un instrumento conllevan un aprendizaje continuo y diario con el fin de mejorar. Y para aprender, es necesario repetir. Sin embargo, en la repetición no vale todo.

Repetir sí, pero no de cualquier manera.

A la hora de estudiar cualquier materia, desde historia hasta matemáticas, la repetición también juega un papel importante. Sin embargo, la repetición en si misma- por ejemplo, leer un texto una y otra vez,- solo estimula nuestra memoria a corto plazo. Es cuando entran en juego la lectura comprensiva o el procesamiento de la información que se consigue fijar el aprendizaje en nuestra memoria a largo plazo.

La idea de lo que debe sonar.

Muchos estudiantes o intérpretes ya profesionales tienden a acostumbrarse a las faltas: asimilan como correcto algo que no lo es solo porque lo suelen repetir asiduamente. Faltas de precisión rítmica, sonido sucio, falta de calma en la interpretación… etc. Para repetir un pasaje y conseguir mejorarlo siempre se tiene que tener en mente el resultado musical que se busca.

Para practicar mediante la repetición es esencial que exista continuamente una comparación entre lo que es y lo que debe ser. Así conseguimos una práctica activa, hacemos participar a nuestro cerebro en el aprendizaje y optimizamos el tiempo de estudio.

La variedad es la clave.

La técnica de la repetición tiene una gran desventaja, y es que cuando repetimos algo diez o veinte veces seguidas, tendemos a perder el interés en lo que hacemos, a pensar en otras cosas y, por consiguiente, a perder un tiempo de estudio muy valioso. Si el cerebro se aburre, no aprende. ¿Como podemos conseguir mantener la concentración realizando aburridas repeticiones?

Las doctoras Christine Carter y Jessica Grahn se han asociado para estudiar estrategias eficaces de práctica musical. Su estudio evidencia que la práctica variada fomentan un aprendizaje mas rápido y eficaz. Si aplicamos esto a la técnica de la repetición, podemos pensar en una repetición variada: utilizar distintas articulaciones, ritmos, subdivisiones… Hacer que cada repetición sea algo distinto y nos obligue a mantener el cerebro alerta. Según la propia Dr. Carter, “el intercalado requiere un mayor esfuerzo, y esto aumenta la actividad mental, lo cual conduce a una mayor retención, la verdadera meta de la práctica“.

De esta forma, también se puede conseguir una mayor concentración sobre el estudio y una disminución considerable de las faltas. Manteniendo el cerebro mas activo, siempre con la idea de lo que debe sonar, y repitiendo de manera variada, conseguiremos mayor atención y actividad mental y, por tanto, un aprendizaje mas rápido y organizado.

Libro recomendado: Ejercitacion mental para musicos

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Lo que los músicos “de Conservatorio” podemos aprender de otros profesionales

Los músicos que estudiamos en el Conservatorio -músicos clásicos-, somos muy diferentes a el resto de profesionales autodidactas o con formación alternativa. Probablemente la causa esté precisamente en el tipo de formación recibida.

Alguna que otra vez he tenido la oportunidad de trabajar con músicos que se dedican a esto de manera profesional pero que no han sido formados en conservatorios. Y tengo que decir que me he sentido bastante inútil. Ellos me dicen “ojalá supiera yo leer una partitura como tú lo haces” y yo pienso “ojalá fuera yo capaz de tocar sin una partitura delante”. Y no me malinterpretéis, no es que sea totalmente incapaz, pero desde luego que me falta soltura y seguridad. ¡De repente me siento como si no supiera tocar mi instrumento!

No creo que sea la única a la que le pasa. En el Conservatorio nos enseñan de una forma en la que la improvisación y la creatividad están en un segundo décimo plano. Sabemos interpretar cosas infinitamente complejas desde el punto de vista técnico, pero si nos quitan el papel de delante… la cosa cambia. Se nos enseña a ser intérpretes, pero no músicos. Algunos con más iniciativa se buscan las vueltas para tocar en grupos de estilos distintos que les exigen ese grado de soltura a la hora de improvisar. Y desde mi punto de vista, la diferencia entre el típico músico de Conservatorio y el que abre su mente más allá de las aulas se nota.

Creo que esta manera de aprender nos perjudica gravemente. Para empezar, me parece que es una de las principales causas del miedo escénico, mucho más común entre músicos clásicos. Nos ponemos frente a la música como el que se pone frente a una carrera de obstáculos, buscando la perfección y olvidando las emociones. Envidio la seguridad y la conexión con su instrumento que veo en los músicos “no formados”.

El cambio en la formación es necesario, necesitamos equilibrar la música con la técnica. Hay una frase atribuida a Beethoven que describe muy bien esta situación:

Tocar una nota equivocada, es insignificante… Tocar sin pasión, es inexcusable…

Sin embargo, el camino formativo se dirige hacia la perfección técnica y no hacia la belleza o el disfrute. Al fin y al cabo, estamos aprendiendo a tocar música. La música es un arte, que debe decir algo a los demás, conmover y provocar sensaciones. Seamos músicos con todo lo que ello conlleva.

Además de ser una posible causa de la ansiedad escénica, la formación en conservatorios a menudo provoca rechazo en el alumno hacia la práctica. Nunca veo a un músico de otro ámbito “tocar por obligación”. Cuando practica, lo hace porque le gusta pasar las horas tocando música, disfrutando y mejorando. Pero muchos estudiantes de música clásica se ven ahogados por la programación curricular, por fechas de exámenes, notas… Lo cual deriva en cierta desidia a la hora de estudiar, concibiendo la práctica del instrumento como una imposición.

Otro punto a favor de los músicos fuera del Conservatorio: escuchan mucha música, de muchos estilos. Es algo que también echo en falta en nuestra formación reglada. Más contacto con diferentes estilos, dentro y fuera de la clásica, que hagan despertar los sentidos creativos del alumno.

En resumen, la enseñanza artística musical debe evolucionar, aprender de otros ámbitos y trabajar para formar a músicos completos.

 

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En Primera Fila :)

Primera Fila es una de las revistas on line líderes en la temática de teatro musical en nuestro país, entre otros contenidos.


He tenido el placer de ser entrevistada en ella y quiero compartiros el enlace de la misma en la que hablo sobre pedagogía del canto y de la voz.

Espero la disfrutéis!