Vieuxtemps y Yankee Doodle

Estatua de la Libertad

Estatua de la Libertad (CC Will Hedington en Wikimedia Commons)

Dentro de unas horas, cuando los habitantes de América se vayan despertando, las bandas, recorriendo las calles de las poblaciones estadounidenses, anunciarán que es el Día de la Independencia con una serie de canciones de tintes patrióticos entre las cuales no faltará The Star-Spangled Banner, el himno nacional de Estados Unidos. En gran parte del país, sobre todo en los estados del noreste, resonará también Yankee Doodle que sin duda no faltará en Connecticut, ya que es el himno oficial de este estado.

En su origen, esta melodía pegadiza se remonta a mediados del siglo XVIII, cuando muchos de los estados que conforman hoy la república federal eran colonias británicas. Durante la Guerra de los Siete Años, la misma melodía tenía un texto patriótico que hacía referencia a Ephraim Williams, un coronel que murió con su regimiento en una emboscada. Posteriormente se utilizó con letras más jocosas y hasta se incluyó en óperas cómicas.

Los oficiales ingleses la usaron para burlarse de sus subordinados americanos, en su gran mayoría voluntarios de orígenes humildes y de carácter simplón, cantándola con esta letra:

Yankee Doodle went to town,
A-Riding on a pony;
He stuck a feather in his cap,
And called it macaroni.

Yankee Doodle, keep it up,
Yankee Doodle dandy;
Mind the music and the step,
And with the girls be handy!

Yankee Doodle fue a la ciudad,
Cabalgando sobre un pony;
En su sombrero una pluma colocó,
y macaroni le llamó.

Yankee Doodle, sigue así,
Yankee Doodle dandy;
Recuerda la música y los pasos,
¡Y con las chicas sé gentil!

La palabra macaroni se empleaba en la Inglaterra de aquella época para definir a un inglés que vestía y hablaba de manera amanerada, imitando las modas extranjeras (sobre todo francesa e italiana) de manera que resultaba ridículo en su aspecto e incomprensible en su habla (de ahí el adjetivo macarrónico para referirse a un uso incorrecto del latín o de una lengua extranjera).

Esas son la primera estrofa y el estribillo de la versión actual, aunque en realidad Yankee Doodle es actualmente más conocida, por lo menos fuera de Estados Unidos, en su versión bandística, con pífanos (parecido al flautín pero sin llaves) y tambores.

Intentando recrear esa sonoridad, la he arreglado para dos flautas dulces y tambor.

A pesar de tantos uniformes y tambores, y hasta sin conocer su letra actual, Yankee Doodle tiene cierto intrínseco tono jocoso y divertido que invita a la chanza. En este sentido inspiró al violinista belga Henri Vieuxtemps a componer en 1843 su Souvenir d’Amérique, Variations burlesques sur “Yankee Doodle”, Op. 17, una pieza brillante llena de cuerdas dobles y acordes, armónicos artificiales, pizzicato de mano izquierda y otros efectos virtuosísticos que podemos disfrutar en la impecable interpretación de Ann Fontanella.

Sidney Bechet, el clarinete y el saxo soprano

Sidney Bechet, Freddie Moore and Lloyd Phillips

Sidney Bechet, Freddie Moore and Lloyd Phillips, New York 1949. (PD 2010 U.S. Congress Library)

Muchas de las entradas de este blog recuerdan el nacimiento o la muerte de un músico. Creo que ésta va a ser la primera dedicada a ambas efemérides de la misma persona.

Hablamos de Sidney Bechet, que nació el 14 de mayo de 1897 en una ciudad tan emblemática para el jazz como New Orleans y murió el día de su 62º cumpleaños en Francia, donde se había establecido 10 años antes.

Empezó muy joven a experimentar con varios instrumentos de viento guiado por su hermano Leonard, dentista que en su tiempo libre tocaba el trombón. Finalmente se quedó con el clarinete, instrumento con el que debutó a la edad de 6 años en la banda de Leonard.

Sin embargo, unos 15 años más tarde, en Londres, compró un saxofón soprano que desde entonces utilizó más que el clarinete por considerarlo más “emocional” y “atrevido”.

Bechet Williams ArmstrongCon este nuevo instrumento grabó sus primeros discos, junto al pianista Clarence Williams. En alguna de estas grabaciones participaba también su paisano Louis Armstrong, al que conocía desde que eran niños.

En este punto pueden surgir dos preguntas: 1) ¿cómo es posible que un excelente clarinetista pueda pasarse al saxofón en tan poco tiempo con los mismos o mejores resultados? y 2) ¿por qué Sidney Bechet llegó a preferir el saxo al clarinete, instrumento que eligió siendo muy pequeño y que le dio tanta satisfacción durante tanto tiempo? Ambas cuestiones se pueden deducir de las principales similitudes y diferencias entre los dos instrumentos.

Para empezar, hay que aclarar que el saxofón soprano no tiene esa forma de “ese” tan característica de los saxos más graves, como por ejemplo los más conocidos alto y tenor, que poseen esa típica curvatura para poder manejar con más facilidad sus tubos de mayor longitud. Así que desde este punto de vista postural el cambio de instrumento es muy fácil. Sin embargo ésta es una muy pequeña ventaja comparada con la analogía entre las embocaduras —esas pequeñas piezas en las que se sopla para producir el sonido— que en este caso son prácticamente iguales.

Embocadura de saxofón

Embocadura de saxofón (A partir de: CC BY-SA Dbenzhuser en Wikimedia Commons)

Como se puede ver en las fotos anteriores, las embocaduras de ambos instrumentos tienen una lengüeta simple, un trocito de caña sujetado por una abrazadera. Debido a esa característica clasificamos el saxo, a pesar de que está hecho en su casi totalidad de metal, entre los instrumentos de viento-madera. Y sobre todo, gracias a esa característica es muy improbable que un buen clarinetista tenga algún problema para producir en el saxofón un buen sonido, mantenerlo durante el tiempo necesario para completar la frase musical y conseguir diferentes matices dinámicos.

No es así con todos los demás instrumentos de viento, pues o tienen lengüeta doble (como el oboe o el fagot) o no tienen ningún tipo de lengüeta (como la trompeta, el trombón o la trompa, que tienen boquilla, o las flautas, tanto la dulce como la travesera, que tienen bisel).

Entonces, si el elemento que produce el sonido es prácticamente idéntico, ¿de donde viene tanta diferencia de timbre?

El diferente material de construcción del cuerpo del instrumento ̣—como apuntábamos hace poco, madera para el clarinete y metal (latón) para el saxofón— no influye tanto en el timbre como la forma del tubo (y por consecuencia de la columna de aire vibrante) que es cilíndrica en el caso del clarinete y cónica en el del saxofón.

Esa diferencia tímbrica es sin duda la causa principal de que Sidney Bechet dejara a un lado el clarinete y abrazara el saxofón, pero ¡cuidado!, eso de ninguna manera quiere decir que el timbre del saxofón sea mejor que el del clarinete, ni siquiera que Sidney lo considerara mejor en general, sino sólo que era el instrumento que mejor respondía a sus exigencias expresivas, algo que se entiende muy fácilmente escuchándolo en el siguiente vídeo. A lo largo de las 20 obras interpretadas por Bechet —de algunas de las cuales también es el autor, como la primera, Petite Fleur, quizás la más conocida de sus composiciones— podemos imbuirnos bien de la sonoridad de su saxo soprano y de su intenso y peculiar vibrato.

The International Jazz Day Global Concert

International Jazz Day 2015Hoy celebramos el Día Internacional del Jazz, proclamado por la UNESCO el día 30 de abril de cada año.

El año pasado ya explicamos las razones y los objetivos de esta celebración, así que este año nos centraremos en cómo se vivirá en la ciudad anfitriona mundial de esta edición, París. Mejor aún, hablaremos de la actividad principal organizada en la capital francesa para festejar este acontecimiento: The International Jazz Day Global Concert 2015, un evento global que esta tarde a las 7 (hora central europea) reunirá a algunos de los jazzistas más aclamados de todo el planeta (aquí sus nombres y una breve biografía) en un concierto que abarcará un gran abanico de estilos y culturas diferentes. Para haceros una idea de la variedad y la calidad, mirad el vídeo de presentación del evento.

Aunque desde luego no será lo mismo que asistir en vivo en París, todo el mundo tendremos la oportunidad de escucharlo en directo, ya que se va a difundir en streaming. ¡Que disfrutéis!

Bella ciao

Partigiani garibaldini in piazza San Marco a Venezia nell'aprile 1945 (PD Wikimedia Commns)

Partigiani in piazza San Marco a Venezia nell’aprile 1945

Entre los acontecimientos ocurridos en un día 25 de abril, el más recordado aquí en España es sin duda la Revolución de los Claveles. En el país de al lado celebran manifestaciones para no olvidar el momento en que se liberaron de la dictadura que les oprimió durante casi medio siglo y para transmitir la memoria de ese día a los que hace 41 años todavía no habían nacido o eran demasiado jóvenes. Hace tres años tuve la oportunidad de participar en ese emocionante momento en Lisboa y de cantar junto con nuestros vecinos lusos Grândola, Vila Morena.

En el relato de ese momento también recordé la celebración que se hace en Italia en ese mismo día, por un motivo bastante similar: la liberación de Italia de la ocupación nazifascista. Ese momento glorioso, la insurrección coordinada por el Comité de Liberación Nacional de todos los territorios del norte de Italia todavía controlados por el ejercito alemán y por el gobierno fascista reconstituido por Mussolini en Saló. En efecto, después de la caída del dictador, en el verano de 1943 tras más de 20 años de opresión, éste constituyó un estado títere cuyos hilos estaban en las manos de Hitler, algo que terminó sólo tras más de un año y medio de resistencia política y militar partisana. Los partisanos liberaron el norte de Italia antes de la llegada de los Aliados, que marchaban desde el sur. También obstaculizaron la retirada de las tropas alemanas para evitar su reorganización con una guerra de guerrillas que provocó muchas bajas entre los combatientes y entre los civiles, que fueron blanco de las crueles represalias de los nazis. Los partisanos y partisanas que dieron su vida por la libertad durante esta etapa de la II Guerra Mundial fueron muchos. Según la Wikipedia:

Se calcula que fueron unos 44.700 miembros de la Resistencia (entre partisanos y miembros del ejército regular del Reino del Sur) los que murieron en combate o inmediatamente a su captura por los fascistas o los nazis (de ellos, 10.260 corresponden a la División Acqui). Otros 21.200 combatientes quedaron mutilados. Unas 4.653 mujeres fueron arrestadas y torturadas: a 2.750 se las deportó a Alemania, 2.812 murieron fusiladas o ahorcadas; 1.070 cayeron en combate; 15 fueron condecoradas con la medalla de oro al valor militar.

Hoy, 70 años después de la liberación de Italia, les recordamos con gratitud y transmitimos su recuerdo, que muchos hemos recibido de padres y abuelos, a los más jóvenes para que nunca se pierda la memoria de esos acontecimientos.

Así como en Portugal Grandôla resuena hoy en las plazas de cada ciudad y pueblo, en Italia se oyen las notas y las palabras de Bella ciao, una canción popular que en su origen probablemente haya sido un canto de trabajo de los arrozales con un fuerte componente reivindicativo. Con otra letra, fue uno de los más importantes cantos de la Resistencia y del antifascismo, llegando a traspasar las fronteras italianas representando en cualquier lugar la resistencia contra toda opresión y amenaza a la libertad. En este sentido, también resonó durante el funeral de las víctimas de la masacre del semanario satírico francés Charlie Hebdo, un atentado a la libertad de expresión. Hasta se puede oír en alguna iglesia católica, siempre que el cura sea una persona muy especial.

Hay muchas versiones que merece la pena escuchar. Os propongo dos: la combat folk de los Modena City Ramblers y la balcánica de Goran Bregovic. Y después, el arreglo para flauta dulce.

Hymn to Freedom

Oscar Peterson with Niels-Henning Orsted Pedersen

Oscar Peterson with Niels-Henning Orsted Pedersen (CC BY-SA: Heinrich Klaffs en Wikimedia Commons)

Cuando el viernes pasado, durante nuestra reunión semanal, el equipo de docentes implicados en el proyecto bilingüe del instituto en el que trabajo decidimos que el protagonista de la jornada que anualmente dedicamos a los países angloparlantes sería Canadá, tengo que confesar que de entrada me sentí un poco perdido. El año pasado trabajamos sobre Estados Unidos, así que fue relativamente fácil (1 y 2) encontrar no sólo música de la que hablar, sino lo más importante: música que hacer, con los requisitos adecuados para un alumnado de 1º y 2º de ESO. No llegué a decir que -aunque estoy convencido de que cualquier lugar del mundo es interesante, también musicalmente hablando- hubiera preferido Escocia, Inglaterra o Irlanda, cuya tradición musical da mucho más juego, porque en ese momento mis compañeros y compañeras estaban entusiasmados con la gran biodiversidad, la riqueza histórica, la variedad cultural o los recursos energéticos de Canadá, mientra que yo sólo conseguía evocar las sublimes notas de las Variaciones Goldberg interpretadas por Glenn Gould interrumpidas abruptamente por la voz de Céline Dion dando saltos de octava en el tema principal de la película Titanic.

Sin embargo ahora, tras una breve investigación, estoy igual de entusiasmado que mis colegas de Ciencias Naturales, Ciencias Sociales o Tecnología: además de otros recursos, he descubierto que Oscar Peterson, uno de los pianistas de jazz que más admiro pero del que desconocía su lugar de nacimiento, era canadiense. Y además, una de sus composiciones más famosas, Hymn to Freedom, tiene un ámbito adecuado para ejecutar con el instrumento que mis alumnos y alumnas tocan cada día con más seguridad y expresividad.

Hace una docena de años, él mismo explicaba cómo nació esta obra musical y cómo su música, junto con la letra que en un segundo momento le puso Harriette Hamilton (en karaoke en este vídeo), fue siendo cantada cada vez más como himno del Movimiento por los derechos civiles en muchas plazas americanas y europeas.

El siguiente vídeo -una grabación en vivo de hace poco más de 50 años, con el mismo Peterson al piano junto con Ray Brown al contrabajo y Ed Thigpen a la batería- nos demuestra que un himno, normalmente de estructura bastante rígida hasta llegar a lo marcial en los himnos nacionales, puede sorprendernos transmitiéndonos una gran sensación de libertad sin necesidad de ningún texto, gracias a la creatividad de los intérpretes y a las sonoridades de blues y de spiritual.

La versión para flauta dulce, acompañada de piano y batería, no ofrece especiales dificultades más allá de las dos notas más agudas (mi y fa), que habrá que cuidar para que no sean “chilladas”, y algunas notas sincopadas, que habrá que articular adecuadamente para no difuminar ese recurso rítmico tan eficazmente empleado en el jazz.