Cómo facturar conciertos y no morir en el intento

Muchos somos los músicos y cantantes que en el arduo camino hacia la profesionalización nos encontramos ante una realidad que muchas veces no nos beneficia. Como en cualquier trabajo, y más si se da en nuestro caso como freelance, nos encontramos que en determinados momentos no tenemos suficientes compromisos profesionales para asumir la cuota de autónomos y los gastos que conlleva hacer una carrera de solista (que de hecho supone convertirse en empresario con las obligaciones de IVA, declaraciones trimestrales y anuales, etc)

Existe actualmente una fórmula que nos permite asumir compromisos artísticos puntuales y que facilita totalmente la gestión de los mismos, se da a través de cooperativas de trabajo asociado. Me gustaría citar en concreto al excelente equipo de Inpulse (www.inpulse.pro) que siendo sus promotores personas directamente relacionadas con el mundo de la cultura han propuesto una fórmula en la que ¡todos ganan! Ya trabajan con ellos grupos como Vetusta Morla, El Puchero del Hortelano o Lory Meyers y entidades de la talla del Museo del Prado.


El artista cotiza a la seguridad social y está asegurado en sus trabajos artísticos, evitando así posibles disgustos ante una inspección de trabajo, un accidente laboral, etc, el promotor del concierto recibe una factura por el concierto y todo el sector se beneficia de hacer las cosas bien.

Y lo bueno de esta cooperativa es que no caben sólo músicos, si eres bailarían, actor, diseñador gráfico, etc. también te puedes beneficiar de esta iniciativa que no sólo permite facturar y cotizar a la seguridad social sino que ofrece asesoramiento en materia laboral para la elaboración de presupuestos, contratos y la posibilidad de presentarse a concursos públicos a través de la entidad.

Dignificar los trabajos artísticos pasa porque todos los agentes del sistema estén protegidos y esta es una buena fórmula. Si quieres saber más se inpulse puedes contactar con ellos a través de:

Teresa Berganza: la música debe estar en la Universidad

Teresa Berganza es una de las más grandes. Su trayectoria y su experiencia la llevan de sabiduría. Es por ello que suscribo todo lo que en esta noticia-bomba ella declara, destacando:

1. la música debe estar en la universidad, desde esta página siempre se ha abogado por esta postura ya que mostramos en este aspecto un retraso con respecto al resto de países desarrollados que no se puede postergar más.

2. el objetivo de un cantante debe ser cantar cada día mejor y no cantar en un sitio concreto, nadie te garantiza que vayas a cantar en un teatro o en otro, sin embargo cantar cada día mejor está en tu mano y es requisito imprescindible para acceder a una carrera.

3. los profesores de canto en muchas ocasiones tienen que ejercer de psicólogos, lo cual indica que hay mucha carencia de formación didáctica entre los docentes ya que cuando el alumno llega a una masterclass de Teresa Berganza y manifiesta inseguridad algo mal se ha hecho por el camino.


4. la cultura en España tiene que estar apoyada tanto por las instituciones públicas como las privada, si nos bajan el IVA cultural, aprueban una ley de mecenazgo en condiciones y se gestionan los teatros y salas adecuadamente nos irá mejor.

Si quieres leer la noticia completa, pulsa aquí: ENLACE.

Apoyo al coro nacional

Esta mañana he conocido la noticia del paro del Coro Nacional en la representación del Requiem de Verdi.

Toda una institución musical a nivel nacional e internacional no debería haber llegado al punto de tener que verse envuelta en una huelga en una función para llamar la atención sobre los acuciantes problemas de los músicos y la carencia de soluciones por parte de la administración.

Ver a un coro de unos ciento veinte músicos reducido a menos de ochenta y finalmente que hayan subido al escenario una docena da tristeza, da pena. La marca España de la que tanto quieren presumir ciertos políticos está agonizando en el terreno de la cultura por inanición.


La política de no reponer a los cantantes que se jubilan y no dotar de los medios necesarios para el desarrollo del repertorio al que está destinado este coro es la moneda para que los propios espectadores opinen que el nivel técnico de las representaciones baja y por tanto dejen paulatinamente de comprar entradas y por ende los políticos tengan la excusa perfecta para suprimirlo por falta de espectadores. Una estrategia perversa que sólo persigue el demonizar la cultura, los músicos y todos aquellos que trabajen en este sector.

No lo permitamos. Queda muy claro que a este gobierno la educación, la cultura, la investigación, la sanidad pública y tantos otros pilares de la sociedad que son necesarios para el desarrollo de un país parece que no fuera de su incumbencia. Una dejación interesada y destructiva que no podemos tolerar!

Mi solidaridad y la de todas las personas, seguro, que aman la música hacia los trabajadores del Coro y de la Orquesta Nacional.


La RAE desafina

Music Star

Music Star, CC BY Finding Josephine en Flickr

Con frecuencia echo mano del diccionario de la Real Academia Española por dos razones principalmente: la primera es que de vez en cuando necesito comprobar algunos términos para evitar que las interferencias de mi lengua materna me puedan inducir a inventar alguna palabra y la segunda es que es gratis y fácilmente accesible en Internet. Pero si tuviera que comprar un diccionario, difícilmente me decantaría por una publicación en la que los términos musicales están tan poco cuidados que algunas de las voces llegan a ser realmente penosas. No sabría decir a qué se debe esta falta de limpieza, brillo y esplendor, pero sospecho que tiene que ver con la escasa consideración que la música tiene en nuestro país, algo que duele especialmente cuando viene de una institución cultural.

Un primer ejemplo es el caso del término sincopado, definido como “Dicho de una nota: Que se halla entre dos o más de menos valor, pero que juntas valen tanto como ella. Toda sucesión de notas sincopadas toma un movimiento contrario al orden natural, es decir, va a contratiempo”. La primera frase es totalmente incorrecta: las notas que preceden y siguen a una nota sincopada no tienen por qué ser de menor valor ni tampoco su suma tiene que equivaler a ella. Y la segunda frase, además de liosa (la palabra contratiempo es un término musical con un significado concreto que en ese contexto sólo sirve para confundir), es totalmente absurda: hablar de orden natural para definir un ritmo regular no tiene ningún sentido científico, ni musical ni físico, sino que se trata de una afirmación totalmente arbitraria. Y lo peor de todo: no es neutral ni inocua, pues se trata de una falacia con un fuerte hedor eurocentrista que tacha de contraria al orden natural la música de muchas culturas que han desarrollado el ritmo bastante más que la nuestra, que ha concentrado sus esfuerzos en otros elementos, por ejemplo la armonía.

La voz síncopa del mismo diccionario (“Enlace de dos sonidos iguales, de los cuales el primero se halla en el tiempo o parte débil del compás, y el segundo en el fuerte”) tampoco se salva de la mediocridad: no se trata de dos sonidos, sino de uno solo que empieza antes y se prolonga hasta después de uno de los pulsos (no necesariamente del tiempo fuerte del compás), neutralizándolo. Podría objetarse que la definición se refiere a la grafía, pero en este caso habría que hablar de dos notas ligadas y no de dos sonidos iguales (además, dos sonidos son iguales si no varía ninguno de los cuatro parámetros: altura, intensidad, timbre y duración; sin embargo, una síncopa sólo necesita que se mantenga invariada la altura).

Otro patinazo está en la definición de timbre (“Calidad de los sonidos, que diferencia a los del mismo tono y depende de la forma y naturaleza de los elementos que entran en vibración”), según la cual parece ser que dos sonidos de tono diferente no pueden diferenciarse también por el timbre, ni tampoco puede haber dos sonidos del mismo tono que tengan el mismo timbre. Y otro más en movimiento (“Cada uno de los fragmentos de una sonata, una sinfonía, etc., de acuerdo con el contraste de tiempo existente entre ellos”), ya que un movimiento de una sonata, una sinfonía o un concierto puede tener contrastes de tiempo, algo muy frecuente a partir del Romanticismo pero también presente en algunas obras barrocas o clásicas.

Además hay algunas definiciones de términos musicales que son incompletas (p.e. agógica) y otras sencillamente no aparecen (entre éstas están una palabra que ayudaría a entender qué es una síncopa, metro, y otro término tan importante en música como para hacer incomprensible la ausencia de su acepción específica, dinámica).

En honor a la verdad, hay que reconocer que también hay entradas que están siendo enmendadas, como es el caso de ritmo, muy embrolladora en la versión actual (“Proporción guardada entre el tiempo de un movimiento y el de otro diferente”) y notablemente mejorada en la próxima (“Proporción guardada entre los acentos, pausas y repeticiones de diversa duración en una composición musical”).

No quisiera resultar pedante, pero no puedo evitar destacar una última barbaridad, la contenida en la voz polifonía (“Conjunto de sonidos simultáneos en que cada uno expresa su idea musical, pero formando con los demás un todo armónico”): si cada uno de los sonidos de una obra expresara una idea musical diferente, estaríamos apañados.

Jim Self y la tuba en el cine

Cuando hace algún tiempo empecé a escribir sobre la tuba en el cine con un artículo sobre la película Encuentros en la tercera fase  no podia imaginar que al cabo de unos meses conocería a un personaje (o tal vez EL personaje) clave en este tema: Jim Self.
Casualidades de la vida, Jim comparte con Pablo Fernández (tuba de la OBC y profesor en la ESMUC) la afición de pilotar aviones. Así, cuando ambos se conocieron en el encuentro anual de ITEA que se celebró el verano pasado en Linz (Austria) acordaron que en cuanto se presentase la oportunidad volarían juntos sobre la Costa Brava y los Pirineos. Esa oportunidad se presentó a finales del pasado mes de junio y aprovechando la ocasión ACATUB organizó un encuentro de la comunidad tubística catalana con el maestro Self.

Miembros de Acatub con  Jim SelfDurante un par de horas nos explicó el funcionamiento de la industria cinematográfica, más concretamente cuanto se refiere a producción y grabación de bandas sonoras y en particular lo concerniente a la tuba en las formaciones orquestales.

Lo primero que cabe destacar es que la mayoria de músicos son freelance; en su caso particular trabaja con cuatro orquestas distintas. Y esto no es por capricho, ya que los convenios que regulan la actividad de los músicos de orquesta dictan que solamente se cobrará en función de los programas en los que se toque (contrariamente al uso habitual de las orquestas europeas), es decir, que si durante un mes la orquesta X solamente toca obras que no incluyan tuba éste no va a cobrar. Así que para asegurarse un salario más o menos regular los músicos (especialemente los que tocan instrumentos prescindibles de la plantilla orquestal) deben diversificar su actividad en varias orquestas o formaciones.

En segundo lugar, esos mismos convenios establecen que tocar un instrumento extra supone un aumento bastante notable del salario, por lo que es “conveniente” tocar varios instrumentos, cuantos más, mejor. El maestro Self nos contó que durante años ha llevado su coche lleno de instrumentos, preparado para cualquier necesidad que pudiera surgir, a saber: Tuba en Do, Tuba en Fa, Cimbasso en Do, Cimbasso en Fa, Trombón bajo, Trombón Tenor…

Jim Self En definitiva, para ser músico de estudio en Hollywood hay que ser muy versátil y dominar varios instrumentos. Y hablo de dominar, no simplemente hacerlos sonar, ya que la dinámica de las sesiones de grabación suele ser muy dura, con una duración de seis horas y grabando desde el primer momento. Cabe destacar que no se reciben las partituras para estudio previo, ya que son habituales cambios de última hora, y dominar la lectura a vista es imprescindible. En este punto, nos contó una anecdota en que cuando estaban grabando la banda sonora de Hook, al volver al estudio después de un descanso para comer encontró sobre el atril un solo bastante complejo. Como no podia ser de otra manera lo resolvió con solvencia. Si lleva veinte años siendo el tuba de estudio de John Williams no es por capricho, ya que la competencia es mucha y el mínimo error supone que para la siguiente pelicula llamen al otro. La única manera de “sobrevivir” en un mundo tan competitivo es ser siempre completamente solvente, lo cual solo se consigue dando siempre el máximo de uno mismo.

Esto es, a grandes rasgos, lo más destacable de aquel encuentro y da una idea de la enorme presión a que están sometidos los músicos de sesión en los estudios cinematográficos, lo cual no hace sino incrementar mi respeto y admiración hacia ellos.

Jim Self y la tuba en el cine, publicado en el blog de Eduard Ruano. Blog sobre la tuba, la técnica en los instrumentos de viento metal y la interpretación musical.