EL LAÚD Y LA CONCORDIA: MÚSICA Y POLÍTICA



 Los embajadores. Hans Holbein el Joven (1533)

A este  famoso cuadro del alemán  Holbein el Joven solemos recurrir cuando queremos ilustrar los diversos significados y mensajes que la pintura de otros tiempos encerraba, porque, como puede observarse  si se pone la debida atención, está cargado de simbología y de referencias encubiertas. 
Pinchando  en el pie de foto podréis ver todos los detalles de los que vamos a hablar.

Los dos personajes retratados se nos presentan junto a toda una serie de objetos e instrumentos diversos que, si bien parecen casualmente dispuestos, tienen  una clara intención y un significado. Vemos en los globos terráqueo y celeste, referencias a la astronomía, a la geografía, a los territorios y las posesiones de diferentes países; vemos también alusiones a la aritmética, la geometría y  el saber, al tiempo y a la vanidad (el reloj, la calavera anamórfica), a la religión...Y vemos además un laúd, unas flautas  y un libro de partituras. Pinchando en la imagen veréis que el laúd tiene una cuerda rota.



Como es obvio el cuadro alude a las relaciones   internacionales, a sus responsables  y a las disciplinas y aptitudes que  deben adornarlos para que éstas sean óptimas. Holbein nos transmite la idea de que para el buen gobierno es necesario el conocimiento: la política requiere inteligencia y sabiduría y las alianzas equilibrio y lealtad; además la armonía ha de imperar en la política.



Efectivamente, desde Platón y Aristóteles - a cuyas éticas y estéticas nos hemos referido en alguna ocasión -  música y política fueron de la mano. En el Renacimiento, con el resurgir de las teorías clásicas, se recupera y mantiene la creencia en el poder ético de la música; es más, se la compara  con el estado: la música, con su orden y su armonía, sería el reflejo de un estado ordenado en el que reina la concordia.
En esta línea platónica, el pensador Marsilio Ficino* también comparó al príncipe (gobernante) con el músico, de suerte que el estado es el instrumento y el gobernante, el instrumentista. 

Otro ejemplo lo encontramos  en Emblemata (libro de emblemas, 1531) de Andrea Alciato. Aclararemos antes que los emblemas son ilustraciones simbólicas que el autor acompaña de un texto alusivo. Pues bien, uno de los primeros emblemas del libro  titulado "Foedera italorum" (alianzas de Italia)  relaciona un laúd a un texto que trata sobre las alianzas políticas. Es decir nos presenta al laúd como símbolo de la concordia



El texto - en latín -  hace referencia a la armonía que debe presidir los acuerdos políticos y las alianzas entre los príncipes europeos, puesto que si uno de ellos rompe alguna de esas alianzas o no cumple lo pactado, la armonía también se rompería estropeando las relaciones políticas, al igual que se estropea la música cuando se toca el laúd con una cuerda rota o desafinada.

Como veis, el papel del laúd en el Renacimiento va más allá de la mera interpretación musical. 
Escuchemos ahora un laúd con todas sus cuerdas, perfectamente afinado e impecablemente tañido en estas siete preciosas piezas de  música renacentista interpretadas por el laudista  David Hernández Romero.





"La música y sus instrumentos sintetizan la templanza, la armonía y  la concordia propias de un gobierno iluminado"
 (Alberto Ausoni. La música) 


Es lamentable que la iluminación haya abandonado a los gobiernos; quizás sería deseable un poco de neoplatonismo en estos tiempos tan materialistas y prosaicos.

*Marcilio Ficino (1433/1499) fue uno de los más destacados humanistas; poeta y músico,  el propio Lorenzo de Medicis lo consideraba como la reencarnación de Orfeo.


RECOMENDACIONES
Para saber más sobre Los Embajadores no dejéis de visitar La aldea irreductible y de leer  el magnífico post de Javier Peláez: Anamorfosis y simbología del prodigioso cuadro de Holbein el Joven (1533)

Para ver los emblemas de Alciato: Alciato at Glasgow, la  magnífica web que recoge todas las ediciones de los Emblemas.