Saint-Saëns en los dibujos animados

Saint-SaënsHoy es el 174º aniversario del nacimiento de Camille Saint-Saëns, un compositor francés que, entre muchas otras, escribió dos obras programáticas que con frecuencia suenan en las aulas de música: El carnaval de los animales y Danza macabra.

La primera de estas dos composiciones, tal como anuncia su título, tiene un programa zoológico: se trata de una suite de catorce movimientos dedicados a otros tantos “animales”: las comillas son porque, entre leones, tortugas, canguros, burros y otros bichos,  Saint-Saëns incluyó fósiles e incluso ¡pianistas!, estos últimos representados como cuadriculados ejecutantes de ejercicios técnicos repetitivos y aburridos. Desde luego era una broma jocosa e irónica que de ninguna manera tiene que sentarle mal a los intérpretes de este  precioso instrumento.

El compositor no relacionó con ningún animal el último de estos 14 fragmentos, cuyo título es “casualmente” Finale. Sin embargo, sí lo hizo la factoría Disney cuando lo incluyó en la película Fantasía 2000 para acompañar a unos flamencos jugando con un yoyó.

Buscando en YouTube he encontrado otro dibujo animado realizado sobre la otra obra de Saint-Saëns citada anteriormente: la Danza macabra. En realidad, más que de un dibujo se trata de un stop motion hecho con plastilina (técnica consistente en moldear este material tomando fotogramas tras cada pequeña modificación para aparentar el movimiento). La autora, irlandesa, se llama Sheila Graber.

Las imágenes cuentan una historia que se aleja un poquito del programa original de este poema sinfónico, que es el siguiente: en un cementerio, a las doce de la noche, la muerte despierta a los difuntos al son de su violín y les hace danzar frenéticamente hasta que, al llegar la luz del día, éstos vuelven aprisa a sus tumbas.

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Gould y Bach por el espacio interestelar

Glenn GouldEl 4 de octubre de hace 27 años Glenn Gould fallecía en su ciudad natal, Toronto, en Canadá, a causa de un íctus al que sólo sobrevivió  una semana. Acababa de cumplir los 50 años y, a pesar de haber interrumpido su carrera concertística en 1964, año de su última actuación pública, llevaba una intensa actividad musical, consistente sobre todo en la grabación de discos y programas de radio y televisión.

La técnica extraordinaria de Gould le permitía tocar con extrema rapidez (cuando era necesario) sin renunciar a claridad y limpieza de sonido. A eso contribuía su manera de sentarse: estaba siempre muy bajo con respecto al piano, utilizando, en vez de un taburete regulable u otro tipo de asiento específico para su instrumento, una pequeña silla con las patas recortadas, conservada actualmente en la Biblioteca Nacional de Canadá.

La contrapartida era la limitada potencia del sonido que podía conseguir, por no poder aprovechar todo el peso de los brazos. Pero eso no era un problema por el tipo de música que prefería tocar, y cuyas interpretaciones han pasado a la historia. Me refiero a la música de Bach, y sobre todo a las Variaciones Goldberg.

No sólo su manera de sentarse al piano salía de lo habitual: hay más cosas que le valieron a Gould la consideración de excéntrico, como por ejemplo su manera de abrigarse, independientemente del calor que hiciera, por miedo a resfriarse, o su imposibilidad a resistirse a canturrear mientras tocaba, lo que traía de cabeza a los técnicos de sonido para que no saliera su voz en las grabaciones, cosa que raramente conseguían.

Aún así, sus discos son de un valor musical y artístico, además de histórico, inconmensurable. Una de estas grabaciones, el Preludio y fuga nº1 del Clave bien temperado de Bach, está viajando por el espacio interestelar, en la Voyager I, contenida en un disco de cobre revestido de oro que incluye este y otros logros de la actividad humana, a modo de tarjeta de visita para eventuales extraterrestres que pudieran encontrarla.

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Oda a la alegría

BeethovenCon alumnos y alumnas así da gusto: no me da tiempo de arreglar y colgar aquí una partitura cuando ya me piden otra. Esta vez es un alumno de 2º el que me pide la partitura de “la canción de la alegría”. Aquí va, entonces, arreglada para tres flautas dulces (soprano, alto y tenor), el tema principal del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, escrita sobre un poema de Friedrich Schiller, la Oda a la alegría.

Por el momento nos dedicaremos sólo a la primera voz, que vamos a aprender todos con la flauta soprano. Más adelante, algunos cambiarán de flauta para añadir las otras dos voces.

He impostado el tempo (la velocidad de ejecución) un poco más lento de lo indicado por Beethoven, pero haciendo clic en el botón de abajo a la derecha de la partitura podéis ir a la página de Noteflight, donde podéis controlar ese parámetro, ralentizándolo para practicar mejor o acelerándolo cuando “os lo pida el cuerpo”.

También os aconsejo dedicar un ratito a escuchar la versión original de Beethoven, dirigida por Karajan, uno de los más importantes directores de orquesta del siglo XX. Está en una entrada anterior de este mismo blog, en alemán, el idioma de Beethoven y Schiller, con subtítulos en inglés, idioma que así, de paso, podemos practicar un poco.

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Amenábar en Avilés

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Gracias a la amabilidad del Director de Comunicación del Centro Niemeyer puedo llevar una representación de alumnos de Comunicación Audiovisual y Multimedia a la clase magistral que Alejandro Amenábar ofrecerá en el Teatro Palacio Valdés el próximo martes 29 y que será grabada para un programa de televisión de Canal+.