Programar un recital y no espantar al público

El ser humano tiene una capacidad limitada de concentración y de procesamiento de estímulos sonoros. Está comprobado que tras veinte minutos la atención y la concentración del espectador decaen. 

Empiezo este post de esta manera porque en numerosas ocasiones he asistido a conciertos y recitales en los que se comenten errores que pueden producir un efecto nefasto entre el público y que pueden crear rechazo ante futuras iniciativas de características similares.

Hay que ser muy cuidadoso con la duración, siempre es preferible que los asistentes a los conciertos se queden con ganas de más a que salgan saturados y con ganas de no volver más a un concierto o recital. Si el público quiere más, lo pedirá y se podrán hacer todos los bises que se demanden. 

Recomiendo que se organice el recital en dos partes de 20-25 minutos con un pequeño descanso de 10 minutos para que los asistentes puedan descansar y afrontar la segunda parte con mayor frescura y entusiasmo. 

A la hora de organizar el programa es importante minutar las piezas, para ello se puede grabar un ensayo y ver cuanto tiempo ocupa realmente la versión de la pieza del intérprete. A ese tiempo hay que añadir al menos un minuto entre pieza y pieza (aplausos y preparación para la siguiente obra). Generalmente se suelen cantar entre 5 y 7 piezas vocales por parte. Tendiendo a ser la segunda parte un poco más breve.

Siempre aconsejo organizar el repertorio de menos a más conocido. Al principio el auditorio está más fresco y preparado para escuchar y por tanto asimilará mejor aquellas obras menos populares. 

También es importante establecer criterios para organizar el recital: por orden cronológico de las obras, por idiomas que se cantan, por estilos, etc. Y siempre buscando la alternancia de tempos, es decir, que no hayan cuatro piezas lentas seguidas y después cuatro rápidas, es mejor intercalarlas.

A la hora de elaborar el programa hay que ser muy cuidadoso con el nombre de las obras, los compositores y los intérpretes. Hay que pensar que el programa es un valor añadido al concierto y el cuidado que se preste en su elaboración dirá mucho de la profesionalidad y el interés de los organizadores. 

Por último es de buena educación hacer un pequeño presente a los intérpretes, una placa, unas flores, un diploma, etc. 

Si queremos que se valore la música clásica y sus maneras de escucharla hemos de ser exquisitos a la hora de preparar el momento de la experiencia sonora. 





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