Fecha límite de inscripción: 4 de Julio de 2016
Plazas: violín, viola, violonchelo, contrabajo, trompeta
Toda la información en ESTE ENLACE.
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La mayoría de los músicos habrán oído por parte de sus maestros las palabras “estúdialo lento”. Pero la impaciencia a veces nos puede, la práctica lenta nos resulta “fácil”, y tendemos a subir la velocidad demasiado pronto. La razón es que muchos músicos no saben gestionar el estudio lento, no saben qué hacer para beneficiarse de él, y se limitan a poner el metrónomo lento e ir subiendo puntos sin más.
La principal razón por la que debemos estudiar lento es que este tipo de estudio nos ayuda a observarnos. Cuando tocamos a un ritmo rápido, puede parecernos que la obra o el pasaje nos sale. Sin embargo, puede que las apariencias nos engañen y, al tocar a cierta velocidad, no seamos capaces de reconocer pequeños detalles y errores que pueden acentuarse con el tiempo hasta finalmente grabarse en nuestra interpretación, restándole calidad.
Nos enfrentamos a una nueva pieza, cogemos el metrónomo y lo ponemos a un tempo cómodo. Pero, ¿cuál es el ideal para empezar a trabajar? En el libro Practicing for Artistic Success: The Musician’s Guide to Self-Empowerment, Burton Kaplan habla de tempo lento y control. El tempo de estudio ideal es aquel en el que podemos controlar todo lo que hacemos: afinación, movimientos, respiración…etc.
Para averiguar cuál es este tempo cómodo, primero ponemos el metrónomo a una medida que pensemos que nos puede servir y probamos. Si ocurre algún error en este tempo, bajamos un poco el metrónomo y volvemos a probar hasta que logremos tocar la pieza sin error alguno. Ése será nuestro tempo cómodo, del que debemos partir.
Ese tempo cómodo es el que nos permitirá digerir cada uno de los componentes de la música, pudiendo atender a todos ellos a la vez sin ansiedad ni descontrol: calidad del sonido, afinación, articulaciones, dirección de la música…etc.
Seguramente te preguntarás cuál es la mejor opción, si trabajar pasajes complejos a un tempo más lento que el resto de la obra o trabajar la obra completa al mismo tempo, aunque haya partes que te cueste menos controlar. Cualquiera de las dos opciones puede ser válida.
Por un lado, podemos descubrir dentro de la obra qué pasajes traen más dificultades técnicas o musicales y trabajar sobre ellos lentamente y de manera aislada. Para ello, podemos utilizar diferentes articulaciones, observando con calma cuáles son los problemas que nos impiden tocar ese pasaje cómodamente: ¿hay algún fallo de coordinación? ¿se trata de la afinación? ¿el fraseo no funciona?… Una vez solucionado el problema y trabajado de manera lenta y concienzuda, podemos introducirlo con el resto de la obra.
Sin embargo, también cabe la posibilidad de trabajar la obra por completo a los mismos niveles de tempo. Sobre ello, me resulta muy interesante la forma de trabajar que describe Natalia Lomeiko en The Strad: Toco cada sección lentamente, trabajando en la afinación, el carácter y construyendo mi tempo. Subo la velocidad gradualmente. Algunos pasajes necesitarán más tiempo que otros hasta que salgan a mayor velocidad, pero no subo la velocidad general la pieza hasta que esté lista para tocar todo a esa velocidad. Para mí, esto hace que el proceso de aprendizaje sea mucho más rápido; y me ayuda a estar segura de que no hay secciones de la pieza que me asusten. Si subo la velocidad de toda la pieza, excepto en una sección difícil hasta que me salga como el resto, es más probable que me asuste esa sección cuando tenga que tocar a la velocidad final.
Trabajar lento no consiste simplemente en tocar lento, ir subiendo el metrónomo, y esperar que todo mejore por arte de magia. El objetivo de tocar lento es identificar los problemas que te impiden tocar más rápido el pasaje o la obra en concreto.
Una vez identificado, debes entender por qué es un problema, qué estás haciendo de manera incorrecta, o por qué te cuesta más ese pequeño fragmento o nota. Cuando comprendas esto, busca soluciones, maneras de trabajarlo y mejorar solo ese pequeño error que te impide subir de tempo.
Tienes que ser como tu propio profesor, observarte, corregirte y ponerte deberes para mejorar.
Si has tocado un par de veces lento la obra o el pasaje y subes el tempo porque crees que ha sido suficiente, estás equivocado. El aprendizaje necesita su tiempo, necesitas varios días para asumir todo lo que estás corrigiendo, interiorizar cada detalle de la interpretación que quieres que salga de tu trabajo. El cerebro necesita tiempo para comprender, automatizar y utilizar todo el trabajo que estás haciendo.
Según Shelly Trampoosh en The Strad, debes mantener este tempo lento y cómodo durante cuatro días antes de aumentar la velocidad. Para Maxim Rysanov, con tres días es suficiente para que el cuerpo asuma cada movimiento y respiración. Después sube la velocidad poco a poco, hasta que a la semana de estar trabajando, ya puede hacerlo en el tempo final.
Sean dos, tres, cuatro, queda claro que la práctica lenta tiene que mantenerse durante varios días para que sea efectiva.
Recomendamos el libro: Practicing of Artistic Succes
También puedes leer este artículo de The Strad
http://www.classicfm.com/humour/living-with-musician/#hBJQKSxJJiOpPYMM.97
¿Buscando compañero de piso? Nunca se lo pidas a un músico, por estas y otras muchas razones….
¿Te gusta el sonido del Concierto para Clarinete de Finzi? ¿Te gusta oírlo 18 veces consecutivas a lo largo de cuatro horas? ¿Con sólo una pared de pladur para separarte de ese sonido? ¿En medio de la noche? ¿Mientras duermes? ¿En domingo?
Ventaja: Piso vacío la mayor parte del tiempo. Desventaja: Tan sólo…
Los ensayos sólo funcionan si se hacen todas las noches, ¿no?
“Éste es Ron. Toca la trompeta. Y éste es Gail. Toca la segunda trompeta. Tommy es batería pero no toca en nuestra banda, toca con la banda de Sara, en la que Ron también toca algunas semanas cuando necesitan un dep. La mujer de Ron conoce a Tommy, pero es obvio que ya tienen un batería por lo que no la necesitan en cada ensayo, sólo cuando los niños de Tommy necesitar atención especial. Ah, y la hija de Tommy es bibliotecaria de música. También se llama Gail, pero no ésta Gail”…
Incluso en días laborables.
¿Oyes los últimos cuartetos de Beethoven saliendo de la habitación de tu compañero de piso-músico? NO ENTRAR. Esto podría tomar algún tiempo.
Puedes estar vagando inocentemente por el piso, encontralos en plena crisis y luego tener que lidiar con el sonido de estudio-cabreado como resultado.
“Simplemente … toca … algo … … con una melodía … …”
No sé si lo sabes, pero el ser músico no siempre garantiza unos ingresos estable. Tu piso podría ser el escenario de cualquier tipo de negocio extra.
“Mi perro está enfermo, es mi turno para limpiar las pistas de squash en el trabajo, mis padres me están comprando un yate, estoy temporalmente ciego o tengo una novela manuscrita a terminar en las próximas ocho horas.”
Netflix y una cerveza es superado muy rápidamente por Howells y té caliente de limón y jengibre.
El Yoga tiene muchos efectos positivos en el organismo y en la mente. Gracias a su práctica continua y diaria podemos relajarnos y aprender a sentir la unión entre cuerpo y psico. Como ya os hemos explicado en nuestro primer post sobre Yoga, hay algunas recomendaciones generales antes de ponerlo en práctica, que se deben tener en cuenta en cada asana o postura.
En su día vimos algunas posturas sencillas para iniciarse. Hoy vamos a ver cinco posturas que nos darán la energía y la fuerza para enfrentarnos al miedo escénico, además de ayudarnos a conectar cuerpo y mente.
Colócate en la posición básica sentada, como ves en el dibujo de arriba. Comienza a respirar tranquilamente con el diafragma y siéntate sobre tus talones. Inspira y abre los brazos, siente cómo se abre el pecho y recibes energía en todo tu cuerpo. Cierra los puños y dobla los codos, abriendo al máximo el pecho y juntando los omóplatos. Como si quisieras acumular dentro de ti una energía que no puedes ver. Aguanta unos 30 segundos. Baja y relaja los brazos lentamente. Vuelve a la posición básica.
Colócate en la posición sentada básica, como ves arriba. Dobla las rodillas. Rodéalas, sujetando los codos y levanta los pies del suele guardando el equilibrio, apoyándote sólo en los glúteos. Mantén la cabeza apoyada en tus rodillas y siente cómo tu columna forma una C. Aguanta 30 segundos. Vuelve a la posición original lentamente.
Colócate de pie, piernas juntas y firmes, hombros relajados y cabeza recta. Inspira y lleva los brazos arriba. Flexiona las caderas, mantén las piernas firmes y los brazos como si fueran alas, llévalos lentamente de arriba al suelo. Toca con las manos el suelo y mete tu cabeza entre las rodillas (no importa que tengas que flexionar las piernas si no llegas). Saca la cabeza de entre las rodillas mientras inspiras con un movimiento lento. Suelta el aire y echa las piernas atrás de un salto, formando un triángulo con el suelo. Baja las caderas y flexiona los brazos lentamente hasta que apoyes tu cuerpo en el suelo. Estira los brazos, eleva el tronco y expande el tórax. Eleva las caderas, volviendo a formar un triángulo con el cuerpo. Echa atrás la pierna derecha y eleva los brazos, manteniéndolos rectos, sobre tu cabeza. Junta las palmas y aguanta la postura durante 30 segundos. Baja los brazos al suelo y atrasa la pierna izquierda, flexiona los brazos y colócate de nuevo apoyando el cuerpo en el suelo. Estira los brazos, eleva el tronco y expande el tórax. Eleva las caderas, volviendo a formar un triángulo con el cuerpo. Echa atrás la pierna izquierda y eleva los brazos, manteniéndolos rectos, sobre tu cabeza. Junta las palmas y aguanta la postura durante 30 segundos. Baja los brazos al suelo y atrasa la pierna derecha, flexiona los brazos y colócate de nuevo apoyando el cuerpo en el suelo. Estira los brazos, eleva el tronco y expande el tórax. Eleva las caderas y lleva los pies a las manos. Mete la cabeza entre las rodillas, inspira y eleva el tronco lentamente, acompañando el movimiento con los brazos hacia arriba. Sube el tronco hasta quedar de pie y con los brazos estirados sobre tu cabeza. Baja los brazos y vuelve a la posición básica de pie.
Desde la posición básica de pie, abre las piernas y pon las manos en las cadera. Gira los pies a la derecha, pon los brazos en cruz y expande bien el tórax. Flexiona la pierna derecha y gira la cabeza hacia la derecha, mírate la punta de los dedos. Aguanta la postura durante 30 segundos. Vuelve a mirar al frente, pon las manos en las caderas y rota los pies a su posición original.Haz los mismos pasos hacia la izquierda y finalmente vuelve a la posición básica.
Desde la postura básica de pie, eleva el brazo izquierdo, dobla la rodilla derecha y sujeta el pie con la mano derecha. Con un movimiento lento y fluido, baja el brazo izquierdo recto y eleva el pie derecho, quedando ambos brazos en la misma línea, como si fueras un bailarín. Aguanta esta postura durante 30 segundos. Baja la pierna derecha y eleva el brazo izquierdo, volviendo a la postura original. relaja el cuerpo y vuelve a la postura básica de pie. Haz el mismo proceso elevando el brazo derecho y sujetando la pierna izquierda.
Para los que tenéis Wii o Nintendo Ds
, hay unos juegos
que os ayudarán con la práctica del yoga.
Este artículo cubre una amplia gama de técnicas sencillas con las que músicos de todos los niveles pueden lograr un enfoque más natural para la ejecución instrumental, mejorando y facilitando su libertad de movimiento. Practicando estos ejercicios se puede refinar y aumentar la sensibilidad cinestésica que ofrece al artista un control fluido y dinámico, mejorando el rendimiento y ayudando a evitar tensiones innecesarias, dolor y lesiones potenciales.
El primer paso es la identificación de los hábitos inconscientes que interfieren con el funcionamiento de nuestra coordinación innata y más de la mitad del trabajo se centra en deshacernos de ellos. Una interferencia habitual es la reacción o reflejo que solemos tener ante un “susto”, con lo que se activa una actitud paralizante. Este es un recurso muy útil cuando estamos a punto de caer en un acantilado, pero contraproducente cuando lo introducimos en nuestra interpretación debido a los temores por un pasaje difícil, una audición, o un concierto importante. Otras personas se tensan para fijar sus cuerpos antes de que se mueven con la suposición inconsciente que esto mejorará su exactitud.
Para ayudar a corregir esto, el profesor puede pedir al alumno que pare en medio de la pieza, dejando el arco en el instrumento. El siguiente paso es decirle al estudiante que abra las rodillas, suelte el cuello, la mandíbula, permita que los brazos fluyan hacia atrás, suelte la parte izquierda del torso, y luego continúe tocando.
Es más importante practicar teniendo cuidado del cuerpo que centrarse solo en que el pasaje nos salga bien. Intentando de manera intensa liderar esos malos hábitos que están inconscientemente ligados a los objetivos. La paciencia es esencial, como lo es no sentir emociones con lo errores que se cometen.
Cuando vemos músicos muy buenos, podemos observar diferentes formas de coger el arco, posiciones, etc. No es tanto una cuestión de posición, sino de la sensación cinestésica interior y de direcciones: lo que permanece igual es su libertad de movimiento y de estar en equilibrio.
Técnica Alexander Para Músicos. La Zona De Confort: Salud Y Equilibrio En La Música
Este artículo está orientado a músicos de cuerda, pero puedes aplicar estos ejercicios a tu instrumento sea cual sea, siguiendo los mismos principios)
1- Pídele a un compañero que te empuje mientras tú aguantas quieto, rígido. Ahora hazlo de nuevo, pero esta vez sé flexible y permite que tu cuerpo se mueva. Esto ayudará a transmitir el concepto de cómo la liberación puede permitir el movimiento.
2- Imagina que tiran de la parte de arriba de tu cabeza con un hilo. Deja que la cuerda dirija tu cabeza, cuello y columna. mueve tu cuerpo en todas direcciones, teniendo en cuenta esta sensación, experimenta la ligereza. Simultáneamente, siente el peso de tu cuerpo, cómo la gravedad tira de ti.
3- Eleva y deja caer los hombros, como cuelga un abrigo de una percha.
4- Levanta los brazos y déjalos caer asegurándote de que no están tensos mientras caen.
5- pide a un compañero que te tome del brazo y lo mueva en todas direcciones. Permite el movimiento sin ninguna interferencia.
6- Rota y mueve la cabeza mientras tocas.
7- Deja la mandíbula floja, no aprietes los dientes, practica con la boca abierta, o pon una galleta entre los dientes.
8- Desde la posición en la que tocas, deja el codo apoyado (primero un codo y luego con el otro) sobre alguna superficie que puedas quitar (un atril). Pide a alguien que quite el atril y siente el peso de tu brazo.
9- Pide a alguien que sujete tu instrumento y siente el peso de tus dedos y manos sobre él.
10- Siente relajación especialmente en cambios de posición (para músicos de cuerda). Apoya el brazo sobre un atril para asegurarte de que estás relajado.
11- Libera el dedo pulgar para sentir que está relajado.
12- Aprieta alrededor de la axila derecha con la mano izquierda. Mueve el brazo en todas las direcciones para comprobar que los músculos de la mano que está apretando no se contraen involuntariamente.
13- Mueve el antebrazo para asegurarte de que el codo está suelto.
14- Cuelga un bolso en tu hombro derecho para asegurarte de que no lo levantas
15- Coge el arco con los dedos pulgar, índice y corazón. Liberar su peso en las piernas con el fin de obtener un buen sonido sin necesidad de añadir ningún tipo de presión.
16- Ponte en cuclillas con la espalda contra una pared. Siente todo el peso en las plantas de los pies. Tus muslos estarán trabajando duro para mantener tu peso, relaja los glúteos y la parte baja de la espalda y el torso plano contra la pared sin hacer arcos. Date cuenta de cómo resuena el instrumento sin ningún esfuerzo.
17- Túmbate en el suelo. Siente los omóplatos apoyados en el suelo. Cualquier tensión innecesaria en la cabeza, el cuello y el omóplato se hará perceptible. Siente tu espalda baja tocar el suelo y las caderas completamente libres.
Con el tiempo, hay que integrar todas estas nuevas sensaciones cinestésicas en una sensación para el cuerpo entero. Encuentrar una imagen o un par de palabras que te ayuden a recordar esa sensación cuando tocas. Hacer esto nos ayuda a liberar a nuestros movimientos, sentirnos mejor físicamente, y canalizar toda nuestra energía en la producción de un sonido hermoso, lo que permite que nada interfiera con la música.