Rent – Cuando el dolor y la injusticia dan lugar a un hito, por Guillermo Názara

Os presentamos un nuevo artículo de nuestro autor invitado Guillermo Názara, un verdadero conocedor y amante de los musicales, espero que lo disfrutéis. Podéis seguirlo en twitter @MrNazara


Al día siguiente, la ciudad de Nueva York amaneció radiante. Sus calles, vacías por tan solo unos instantes, estaban impregnadas de la alegría y la ternura que cada año aterrizaban en el West Village, colándose en miles de hogares y convirtiéndose durante semanas los únicos sentimientos de sus huéspedes. Ya hacía tiempo que el invierno había desembarcado en Manhattan, pero sus gélidas brisas y oscuras jornadas no habían servido de obstáculo para que aquella conmovedora sensación, a la que muchos apodaban <<espíritu>>, renaciera en el corazón de todo ciudadano como ocurría cada diciembre; la Navidad acababa de llegar a la Gran Manzana. 

Sin embargo, el otro lado de la isla se había despertado inmerso en un ambiente gris y lúgubre. Los vecinos, quienes tan solo ostentaban ese título por alojarse en sus contenedores y en las esquinas de sus callejones, merodeaban por las destartaladas manzanas en busca de alguna prenda con la que abrigarse o de algo mínimamente comestible que llevarse a la boca. El espíritu navideño había pasado de largo; se había acomodado en los hogares más opulentos de la ciudad y se había olvidado de aquellos que, en ningún momento del año -o incluso de su vida-, habían sido receptores del más mínimo detalle material o fraternal. 

Pero hacía tiempo que la exclusión había dejado de ser uno de sus peores problemas, pues un enemigo de origen desconocido había irrumpido inesperadamente en su comunidad y amenazaba con destruir a todo aquel que se interpusiera en su camino. El miedo y la angustia se propagaban por cada rincón del East Village a pasos agigantados, cuyos habitantes eran conscientes de su impotencia para enfrentarse a un rival tan sumamente despiadado. 

De nada servía pedir ayuda. Sus constantes gritos de auxilio no hacían sino incentivar el rechazo de las más altas esferas, que condenaban a las víctimas de tan cruenta masacre, acusándolas de ser las responsables de su propia desgracia. Por otro lado, nadie podía hacer nada para mitigar aquella ola exterminadora que arramplaba con ferocidad por las calles de Nueva York. Sus heridos suplicaban, pero casi nadie escuchaba. Los mártires de aquel veloz exterminio se habían convertido en un incómodo tabú que los había apartado definitivamente del resto de la sociedad. Eran los 90 y el SIDA estaba ganando la batalla. 

Jonathan Larson, por aquel entonces tan solo un simpático y peculiar camarero de una de las hamburgueserías más concurridas de la Gran Manzana, no podía dar crédito a la trágica situación que, en aquel momento, muchos colectivos y minorías se veían obligados a afrontar completamente solos. Siempre había detestado la discriminación, sobre todo la que, desde hace tanto tiempo, se había llevado a cabo en contra de los homosexuales. Era un tema que le indignaba especialmente, no porque él hubiera sido víctima de tales acosos, sino porque afectaba a una de las personas que más quería del mundo. 

Cuando eran adolescentes, Matthew, su mejor amigo, decidió que Jonathan fuera el primero en saber que era gay. Confesarlo no le había resultado nada fácil, pero jamás se arrepintió de haberlo hecho. Desde ese instante, Jonathan se convirtió en su roca. Lo apoyaba constantemente, incluso en los incómodos momentos en los que Matthew tenía que comentar su sexualidad a gente que no era capaz de comprender que un hombre pudiera sentirse atraído por otros hombres. Pero ese miedo a hablar abiertamente sobre quién era se había disipado hacía bastante tiempo. A fin de cuentas, ya no tenía motivos para temer que lo excluyeran; sabía que Jonathan siempre permanecería a su lado. 

Ahora, varios años después, Jonathan volvía a ser el primero en conocer algo nuevo sobre Matthew. La única diferencia era que esta vez no se trataba de un rasgo o una faceta suya, sino de una espantosa noticia en la que, repentinamente, su amigo se había visto involucrado: Matthew acababa de ser diagnosticado como enfermo del SIDA. La situación era muy grave; los médicos le habían aconsejado que pusiera sus asuntos en orden cuanto antes. Era cuestión de meses que el temido desenlace tomara lugar. Por un momento, Jonathan se quedó congelado. Reaccionar ante tan fatídica novedad era casi imposible; estaba a punto de perder a una de las personas más importantes de su vida… 

Aún conmocionado, Jonathan intentó tranquilizar a Matthew. <<Todo va a salir bien>>, repetía una y otra vez; pero lo cierto es que sus palabras no eran más que un improvisado parche con el que disimular el dolor y, sobre todo, el miedo que sentía. Lo que Matthew padecía no tenía cura, por lo que pensar que su amigo se recuperaría no era siquiera una ilusión; era un autoengaño. No obstante, no iba a permitir que la amargura y la desesperación consumieran a Matthew tal y como estaban haciendo con la mayor parte de la gente que pasaba por la misma situación. Apoyaría y ayudaría a su amigo en todo lo que pudiera. Desde ese momento, ninguna cosa más ocuparía su mente. Lo que no sabía es que pronto esta empezaría a obsesionarse con la creación de su obra maestra. 

Unos pocos días después, Matthew descubrió una pequeña organización dedicada a la asistencia de enfermos del SIDA. No ofrecía métodos para sanarse, pero sí para sobrellevar el terrible trago que sus víctimas estaban pasando. No había nada que Matthew necesitara más en esos momentos que comprensión, no por parte de sus allegados, sino de aquellos que se sentían y se enfrentaban a lo mismo que él. No obstante, precisaba que, una vez más, su mejor amigo fuera partícipe de esta experiencia. 

Aquella mañana, ambos acudieron a la reunión. Allí, ante un puñado de atentas miradas que, en lugar de juzgar, mostraban su compasión, Matthew pudo expresar libremente el pánico que padecía, además de la rabia y la frustración que, día tras día, asolaban su mente. Una agradable sensación de satisfacción invadió los cuerpos de Matthew y Jonathan. El primero, por haber logrado compartir sus anécdotas y sentimientos con gente que los había vivido en su propia piel; el segundo, por haber encontrado la escena perfecta con la que denunciar las tremendas injusticias que, por aquel entonces, gente como su mejor amigo estaba sufriendo; y, en consecuencia, el argumento de una obra que muy pronto revolucionaría Broadway y que lo consagraría a él, Jonathan Larson –al que muchos veían como un músico fracasado condenado a pasarse el resto de su vida sirviendo mesas-, como artista.

Cantar sin miedo escénico

Joaquín Sabina, Pastora Soler, Alejandro Sanz, Antonio Orozco... en nuestro país, o Axel Rose, de Guns n'Roses, Adele, Katy Perry, Sia, Robbie Williams, Lana del Rey, Marc Anthony, Harry Styles, de One Direction... allende nuestras fronteras, han pasado por alguno o varios episodios del, ahora puesto en el candelero, llamado "miedo escénico" o "trac", y también ansiedad y pánico escénicos, en alguna de sus manifestaciones o grados.
En palabras del psicólogo especializado en músicos Guillermo Dalia, "padecer miedo escénico no debe impedir el desarrollo profesional del músico". En el mundo de la música hay una opinión generalizada de que para dar el cien por cien hay que estar al ciento cincuenta por cien.

Yo misma pensaba que esto era cierto. Sin embargo, no hay más que ver cómo los deportistas olímpicos baten sus marcas personales en las olimpiadas, una situación de mucha presión. 
Lo que nos diferencia a los músicos de los deportistas es que estos últimos han sabido desarrollar estrategias físicas y mentales que les permiten superarse.

Es posible superar el miedo escénico y tener una vida musical plena. Un cantante se tiene que subir al escenario para disfrutar, compartir y ser feliz, si no, esta profesión no tendría sentido.

Creer en uno mismo vs. los falsos profetas musicales

Hoy me gustaría hablar de los docentes, agentes y demás profesionales del mundo de la música "profetas" que subestiman la capacidad de superación y de evolución de las personas. Todos los hemos conocido y algunos los hemos sufrido, son personas que poseen pocas estrategias psicológicas y didácticas y se atreven a decirle a los alumnos o a sus familias frases del tipo: "dedícate a otra cosa", "tu para esto no vales", etc. 

Y pongo tres ejemplos reveladores:

La mismísima Montserrat Caballé que en los inicios de su carrera tras audicionar en un teatro le dijeron "señora vuelva a casa, cásese y tenga hijos". Menos mal que no le hizo caso y siguió su camino.

El otro día escuché la anécdota de cuando Miguel Fleta, uno de los mejores tenores que ha dado la naturaleza, se fue al conservatorio con su primo. Miguel era un humilde hombre de campo y se presentó en el conservatorio una vez empezado el curso vestido como tal, el primo le dijo a la persona que les recibió que Miguel tenía buena voz y le contestaron que el curso de chicos estaba cerrado. Por suerte el primo le animó a cantar en el pasillo antes de irse y salió la que después fue su profesora Mercedes Capsir, que le dijo que si el curso de chicos estaba completo ella tenía sitio para él.


Citar también a un agente que calificó a Luciano Pavarotti como un tenor corto de agudos... 

Desde mi humilde opinión, este tipo de actitudes lo único que demuestran son prejuicios, incapacidad y una necesidad de sentirse superior. ¿No sería más sencillo decir: "Yo no te puedo ayudar", "No tenemos trabajo para ti", "Creo que debes trabajar esto o lo otro"?

Una y otra vez he visto como las personas han superado obstáculos que parecían imposibles y que han demostrado que con su actitud de superación y su motivación intrínseca han conseguido lo que se han propuesto. Ante todo decir que son personas que han decidido buscar los medios para conseguir lo que desean y que después son conscientes de que hacerlo es un premio en sí mismo.

Os dejo este vídeo, es un corto sobre la capacidad de transformar la propia vida en función de lo que creemos de nosotros mismos y lo que creen los demás.


Esta claro que la carrera musical es complicada, seamos ayudadores de aquellos que quieren recorrer el camino y demostremos sensibiliad y honestidad. Creo que como docentes debemos ser muy cautos y jamás decirles a los alumnos que no valen! Debemos dar la oportunidad a los alumnos de crecer, de evolucionar y de salir de su crisálida y transformarse en bellas mariposas porque cada uno lo hará en su momento.

¿Música, para qué?

                     

            ¿Qué os ha parecido este video? A mí me ha encantado.
Es un video que está circulando por la red y que os muestra algo que siempre os digo en clase: la música nos enseña y nos sirve para todo.

El debate sobre la música siempre está en la calle, pero ¿qué opinan mis alumnos? Os animo a pensar y a escribir sobre ello:
¿te gusta la música?
¿para qué crees que sirve?
¿Qué tiene de divertido?¿y de aburrido?
¿Puedes aprender algo con ella? ¿Qué?
¿Te ayuda en algo?
¿Afecta a tu estado de ánimo?....

Aquí os dejo una presentación realizada por una profesora estupenda llamada Mª Jesús Camino. Opinad sin ver la presentación y luedo trabajaremos criticamente en clase con ella.


¿Música, para qué?

                     

            ¿Qué os ha parecido este video? A mí me ha encantado.
Es un video que está circulando por la red y que os muestra algo que siempre os digo en clase: la música nos enseña y nos sirve para todo.

El debate sobre la música siempre está en la calle, pero ¿qué opinan mis alumnos? Os animo a pensar y a escribir sobre ello:
¿te gusta la música?
¿para qué crees que sirve?
¿Qué tiene de divertido?¿y de aburrido?
¿Puedes aprender algo con ella? ¿Qué?
¿Te ayuda en algo?
¿Afecta a tu estado de ánimo?....

Aquí os dejo una presentación realizada por una profesora estupenda llamada Mª Jesús Camino. Opinad sin ver la presentación y luedo trabajaremos criticamente en clase con ella.