Grandes oradores: César Gómez Mora, cobra más importancia saber comunicar de manera clara y atractiva.

¿Cuál es el origen de tu vocación por dictar conferencias?
Existe un antes y un después claro: en 2011 me uní a Valencia Toastmasters, un club de oratoria, y es ahí donde empieza mi camino hacia la profesionalización. Sin embargo recuerdo que ya haciendo la presentación del proyecto de fin de carrera me preocupé por hacer una presentación efectiva y diferente.

¿Qué impacto cree que tiene en las personas un buen mensaje?
Las personas somos comunicación. No hay proyecto ni emprendedor para el que la comunicación no haya sido una pieza necesaria. La buena comunicación hace que un grupo de personas trabaje hacia un objetivo común. La buena comunicación hace que los clientes se interesen por lo que vendemos. La buena comunicación hace que los inversores decidan apostar por nuestro proyecto.

¿Qué valor otorgas al desarrollo de la capacidad de hablar en público?
Somos seres sociales y la comunicación es el hilo invisible que nos une a todos como familias, como empresas y como sociedad. Estamos sumergidos en mensajes a diario: de nuestro teléfono, en la calle y en todos sitios. Precisamente por eso es tan importante un mensaje trabajado: en un mar de mensajes e información solo se escuchan los mejores.

En el mundo que viene, qué crees que tendrá más importancia a la hora de comunicar.
Más de 50 años de mensajes televisivos y publicidad nos han hecho selectivos e impacientes. Internet ha agudizado este síntoma. Hoy en día, si recibo un vídeo de YouTube de 10 minutos... me pienso si lo veo. Si el vídeo dura una hora, ni lo veo. Piensa lo que esto significa a todos los niveles. Estamos compitiendo a nivel comunicativo con mensajes super concentrados y efectivos. 

Cada vez somos menos sensibles a la mala comunicación. Un profesor que no es capaz de comunicar a este nivel, pierde a todos sus alumnos en media hora. O un profesional que hace un seminario y no se ha preparado: el público está ahí... pero está pensando en otra cosa: tanto el presentador como la audiencia están perdiendo el tiempo.

Cada vez cobra más importancia saber comunicar de manera clara y atractiva. Esto no solo se aplica a las presentaciones en público sino también a la comunicación por escrito.

¿Escribes como hablas? ¿Hablas como escribes?
Por supuesto que no. El medio escrito y el medio oral son totalmente diferentes y por tanto requieren tratamientos diferentes. El medio es el mensaje, como dijo Marshall McLuhan. 

Para empezar, una presentación la conduce el que habla, sin embargo un texto lo conduce el que lee. Cuando lees un texto, puedes volver a leer algo que no has entendido, como lector estás al volante. Sin embargo cuando escuchas una charla, no puedes volver atrás, el presentador dicta el ritmo. Además la densidad de información en un texto escrito es mucho mayor que en una charla. Estas dos diferencias dictan, por ejemplo, que se recomiende la repetición al hacer presentaciones, pero no al escribir.

Además, un texto escrito nos da pistas: párrafos, palabras en negrita, puntos, comas, capítulos, etc. Estos actúan como señales de tráfico que nos indican por dónde y hacia dónde vamos. También nos indican la jerarquía de la información y qué partes son más importantes que otras. En el lenguaje hablado todo esto se pierde, y el orador tiene que usar las pausas, la entonación, el volumen y la velocidad al hablar para ayudar al oyente a entender mejor el contexto e importancia de lo que está diciendo. Por ejemplo, cuando decimos una frase importante es recomendable hacer una pausa larga para subrayar su importancia, pero también para dar tiempo a la audiencia a asimilar lo que estamos diciendo.

¿Cómo preparas las conferencias?
Suena un poco obvio, pero trato de preparar siempre las charlas con dos ingredientes principales: tiempo y preparación. El tiempo lo necesito para poder ir mejorando la charla, investigar, dejar que los conceptos tomen forma en mi cabeza. Siempre empiezo con papel y boli, NUNCA con el PowerPoint. Lo primero que hago es pensar en la idea central: ¿qué quiero que se lleve la audiencia de esta charla? Porque no se van a acordar de todo. De hecho, olvidarán el 90%. Por tanto, es importante pensar en qué objetivo quiero conseguir como punto de partida. 

El segundo ingrediente es la preparación o más concretamente los ensayos. Los músicos ensayan, los actores ensayan y los deportistas entrenan. Sin embargo muchas veces los presentadores no nos preparamos ni ensayamos. La primera vez que hacemos nuestra charla es... en el escenario, cuando nos lo estamos jugando todo. Imagínate una cantante que canta una pieza por primera vez el día del estreno.

¿Qué haces para cuidar tu voz?
La voz es un poco mi asignatura pendiente. Tengo la suerte de respirar abdominalmente de manera natural, con lo cual ya tengo eso ganado. Trato de hacer deporte y comer bien. Entiendo que un corazón y pulmones sanos ayudan a tener una mejor voz.

¿Cómo has notado que evolucionaba tu voz conforme a tu experiencia?
Inicialmente no era consciente de mi voz ni mi lenguaje corporal. A medida que gané experiencia pasó algo muy curioso: empecé a usar un personaje. Mi yo del escenario hablaba diferente, con voz de orador. Mucha gente que me conocía decía que sonaba raro, que no era yo. Era como un mal actor interpretando a un buen orador. Con el tiempo trabajé en mi naturalidad y en el tono conversacional. Mi objetivo hoy en día es sonar como yo mismo, sonar natural.

¿Qué hace a un buen orador?
Es importante destacar que el buen orador se puede hacer. El buen orador domina una serie de habilidades que se pueden enseñar de manera muy fácil. Es un error pensar que algunos nacen con la habilidad de saber en público y otros no.

Los griegos resumieron esto en tres características: ethos, pathos y logos. Ethos es la capacidad de que la audiencia confíe en ti, mostrando confianza en ti mismo y demostrando credibilidad. Pathos es la capacidad de emocionar a la audiencia, contando historias y usando palabras que dibujen imágenes en las mentes de la audiencia. Logos es la capacidad de análisis y razonamiento lógico, estructurando nuestro discurso y referenciando datos y fuentes fiables.

¿Qué consejo darías a quien comienza en el mundo de la oratoria?
Que no piensen que se les va a ir el miedo escénico. El miedo escénico es parte del proceso. Podemos tener más o menos miedo, pero siempre tendremos algo. Lo mejor es no esperar a que se nos quite el miedo para empezar a hablar en público, sino hablar en público a pesar de tener miedo. Valiente no es el que no tiene miedo, sino el que hace lo que tiene que hacer a pesar de tener miedo.

¿Dónde pueden nuestros lectores encontrar información actualizada sobre tus próximas charlas?
Suelo escribir sobre oratoria en mi blog Muerte por PowerPoint (muerteporpowerpoint.com). Mi trabajo lo podéis ver, más que en mis charlas, en el trabajo que hago preparando a otros oradores en fourthwall.es. El 17 de febrero en TEDxUPValència (tedxupvalencia.com), y el 29 de abril en TEDxBerkleeValencia (tedxberkleevalencia.com) podéis ver a oradores a los que he ayudado a encontrar su voz.

Grandes oradores: César Gómez Mora, cobra más importancia saber comunicar de manera clara y atractiva.

¿Cuál es el origen de tu vocación por dictar conferencias?
Existe un antes y un después claro: en 2011 me uní a Valencia Toastmasters, un club de oratoria, y es ahí donde empieza mi camino hacia la profesionalización. Sin embargo recuerdo que ya haciendo la presentación del proyecto de fin de carrera me preocupé por hacer una presentación efectiva y diferente.

¿Qué impacto cree que tiene en las personas un buen mensaje?
Las personas somos comunicación. No hay proyecto ni emprendedor para el que la comunicación no haya sido una pieza necesaria. La buena comunicación hace que un grupo de personas trabaje hacia un objetivo común. La buena comunicación hace que los clientes se interesen por lo que vendemos. La buena comunicación hace que los inversores decidan apostar por nuestro proyecto.

¿Qué valor otorgas al desarrollo de la capacidad de hablar en público?
Somos seres sociales y la comunicación es el hilo invisible que nos une a todos como familias, como empresas y como sociedad. Estamos sumergidos en mensajes a diario: de nuestro teléfono, en la calle y en todos sitios. Precisamente por eso es tan importante un mensaje trabajado: en un mar de mensajes e información solo se escuchan los mejores.

En el mundo que viene, qué crees que tendrá más importancia a la hora de comunicar.
Más de 50 años de mensajes televisivos y publicidad nos han hecho selectivos e impacientes. Internet ha agudizado este síntoma. Hoy en día, si recibo un vídeo de YouTube de 10 minutos... me pienso si lo veo. Si el vídeo dura una hora, ni lo veo. Piensa lo que esto significa a todos los niveles. Estamos compitiendo a nivel comunicativo con mensajes super concentrados y efectivos. 

Cada vez somos menos sensibles a la mala comunicación. Un profesor que no es capaz de comunicar a este nivel, pierde a todos sus alumnos en media hora. O un profesional que hace un seminario y no se ha preparado: el público está ahí... pero está pensando en otra cosa: tanto el presentador como la audiencia están perdiendo el tiempo.

Cada vez cobra más importancia saber comunicar de manera clara y atractiva. Esto no solo se aplica a las presentaciones en público sino también a la comunicación por escrito.

¿Escribes como hablas? ¿Hablas como escribes?
Por supuesto que no. El medio escrito y el medio oral son totalmente diferentes y por tanto requieren tratamientos diferentes. El medio es el mensaje, como dijo Marshall McLuhan. 

Para empezar, una presentación la conduce el que habla, sin embargo un texto lo conduce el que lee. Cuando lees un texto, puedes volver a leer algo que no has entendido, como lector estás al volante. Sin embargo cuando escuchas una charla, no puedes volver atrás, el presentador dicta el ritmo. Además la densidad de información en un texto escrito es mucho mayor que en una charla. Estas dos diferencias dictan, por ejemplo, que se recomiende la repetición al hacer presentaciones, pero no al escribir.

Además, un texto escrito nos da pistas: párrafos, palabras en negrita, puntos, comas, capítulos, etc. Estos actúan como señales de tráfico que nos indican por dónde y hacia dónde vamos. También nos indican la jerarquía de la información y qué partes son más importantes que otras. En el lenguaje hablado todo esto se pierde, y el orador tiene que usar las pausas, la entonación, el volumen y la velocidad al hablar para ayudar al oyente a entender mejor el contexto e importancia de lo que está diciendo. Por ejemplo, cuando decimos una frase importante es recomendable hacer una pausa larga para subrayar su importancia, pero también para dar tiempo a la audiencia a asimilar lo que estamos diciendo.

¿Cómo preparas las conferencias?
Suena un poco obvio, pero trato de preparar siempre las charlas con dos ingredientes principales: tiempo y preparación. El tiempo lo necesito para poder ir mejorando la charla, investigar, dejar que los conceptos tomen forma en mi cabeza. Siempre empiezo con papel y boli, NUNCA con el PowerPoint. Lo primero que hago es pensar en la idea central: ¿qué quiero que se lleve la audiencia de esta charla? Porque no se van a acordar de todo. De hecho, olvidarán el 90%. Por tanto, es importante pensar en qué objetivo quiero conseguir como punto de partida. 

El segundo ingrediente es la preparación o más concretamente los ensayos. Los músicos ensayan, los actores ensayan y los deportistas entrenan. Sin embargo muchas veces los presentadores no nos preparamos ni ensayamos. La primera vez que hacemos nuestra charla es... en el escenario, cuando nos lo estamos jugando todo. Imagínate una cantante que canta una pieza por primera vez el día del estreno.

¿Qué haces para cuidar tu voz?
La voz es un poco mi asignatura pendiente. Tengo la suerte de respirar abdominalmente de manera natural, con lo cual ya tengo eso ganado. Trato de hacer deporte y comer bien. Entiendo que un corazón y pulmones sanos ayudan a tener una mejor voz.

¿Cómo has notado que evolucionaba tu voz conforme a tu experiencia?
Inicialmente no era consciente de mi voz ni mi lenguaje corporal. A medida que gané experiencia pasó algo muy curioso: empecé a usar un personaje. Mi yo del escenario hablaba diferente, con voz de orador. Mucha gente que me conocía decía que sonaba raro, que no era yo. Era como un mal actor interpretando a un buen orador. Con el tiempo trabajé en mi naturalidad y en el tono conversacional. Mi objetivo hoy en día es sonar como yo mismo, sonar natural.

¿Qué hace a un buen orador?
Es importante destacar que el buen orador se puede hacer. El buen orador domina una serie de habilidades que se pueden enseñar de manera muy fácil. Es un error pensar que algunos nacen con la habilidad de saber en público y otros no.

Los griegos resumieron esto en tres características: ethos, pathos y logos. Ethos es la capacidad de que la audiencia confíe en ti, mostrando confianza en ti mismo y demostrando credibilidad. Pathos es la capacidad de emocionar a la audiencia, contando historias y usando palabras que dibujen imágenes en las mentes de la audiencia. Logos es la capacidad de análisis y razonamiento lógico, estructurando nuestro discurso y referenciando datos y fuentes fiables.

¿Qué consejo darías a quien comienza en el mundo de la oratoria?
Que no piensen que se les va a ir el miedo escénico. El miedo escénico es parte del proceso. Podemos tener más o menos miedo, pero siempre tendremos algo. Lo mejor es no esperar a que se nos quite el miedo para empezar a hablar en público, sino hablar en público a pesar de tener miedo. Valiente no es el que no tiene miedo, sino el que hace lo que tiene que hacer a pesar de tener miedo.

¿Dónde pueden nuestros lectores encontrar información actualizada sobre tus próximas charlas?
Suelo escribir sobre oratoria en mi blog Muerte por PowerPoint (muerteporpowerpoint.com). Mi trabajo lo podéis ver, más que en mis charlas, en el trabajo que hago preparando a otros oradores en fourthwall.es. El 17 de febrero en TEDxUPValència (tedxupvalencia.com), y el 29 de abril en TEDxBerkleeValencia (tedxberkleevalencia.com) podéis ver a oradores a los que he ayudado a encontrar su voz.

Álex Rovira: Hay que zarandear emocionalmente a la audiencia

Isabel Villagar y Álex Rovira
Hoy comenzamos una nueva serie en la que en los grandes protagonistas de la oratoria en castellano y comenzamos por uno de los más representativos y geniales. Álex Rovira es una referencia en el campo de la oratoria profesional. Su manera de expresarse y explicar conceptos es cercana (“como hablándole a un amigo”, según me confesó en persona), didáctica y al mismo tiempo amena. Deja enganchado a la silla al oyente con una sonrisa de principio a final sin perder un ápice de seriedad en el contenido.

¿Cuál es el origen de tu vocación por dictar conferencias?
Ya antes de finalizar mi licenciatura, el decano de la universidad en la que estudiaba me propuso colaborar como asistente de algunos profesores. Allí comencé a ensayarme en el universo de la formación. Con el tiempo surgió también la oportunidad de impartir alguna conferencia, y a partir de ahí con la práctica vinieron más y más. La verdad es que nunca hubiera dicho que acabaría dedicando una parte de mi tiempo profesional a impartir conferencias como lo hago, pero la vida me ha llevado a ello.

En tu web www.alexrovira.com reivindicas el poder de transformación a través de la palabra y propugna la bondad, la voluntad, la responsabilidad, la generosidad, la cooperación, etc.. ¿Qué impacto cree que tiene en las personas un buen mensaje?
Sin duda, la palabra es una herramienta poderosísima, y es lo que nos permite intercambiar ideas, expresar emociones, en definitiva generar vínculos de calidad. Creo que tanto un buen libro, como una buena conversación tienen la capacidad de desvelar y de despertar y eventualmente de hacernos cuestionar, de zarandearnos o de provocarnos. Creo que un buen mensaje tiene que combinar tanto la interpelación a la dimensión cognitiva, es decir a la reflexión, a la crítica, al pensamiento, pero también tiene que zarandear emocionalmente e invitar a la acción.

¿Qué valor otorgas al desarrollo de la capacidad de hablar en público?
En relación a la palabra hay cuatro habilidades fundamentales: leer, escribir, escuchar y hablar. Por lo menos a mi, cuando era pequeño, y a muchos de mis compañeros y conocidos de mi generación que se han formado en España, se nos enseñó esencialmente a leer y a escribir, pero no recibimos apenas ningún tipo de formación sobre la importancia de saber escuchar y también de saberse expresar. Creo que eso es una carencia que arrastramos no sólo generacionalmente sino también como país si miramos otros países vecinos, especialmente del centro y del norte de Europa. En ese sentido, cuanto menos miedo tengamos a expresarnos en público, y cuanto más practiquemos la voluntad de hacernos entender y de entender al otro, por supuesto que mejoraremos nuestra capacidad de comunicar y eso es absolutamente crítico. 

En el mundo que viene, ¿qué crees que tendrá más importancia a la hora de comunicar?
Últimamente se habla mucho de tecnología, de digitalización, pero creo que se están olvidando lo principal: las humanidades. De qué sirve la tecnología si no hay un buen criterio que la gobierna y la gestiona. Para novedad los clásicos, y paradójicamente creo que en el mundo que viene seguir siendo absolutamente imprescindible el desarrollo de capacidades esencialmente humanas porque para llegar a corazón del otro aparte de bytes se necesita empatía, alteridad, generosidad, humildad, y todos los valores que tengan que ver con humanizar a la humanidad.

En tu libro Creer, Crear, Lograr conectas con tus lectores por el tono directo y preciso. A la hora de sentarte a la silla: ¿escribes como hablas? ¿hablas como escribes?
Procuro dirigirme tanto al lector como a las personas que están sentadas en la auditorio como lo haría hablándole a un amigo. Desde el máximo respeto, desde la máxima consideración y desde la voluntad de hacerme entender a la vez que con rigor. Tampoco a estas alturas no me pienso demasiado cuál es el tono que tengo que tomar, surge espontánea y naturalmente sin ningún tipo de esfuerzo. Supongo que se debe ya que son miles de horas de vuelo. 

¿Cómo preparas las conferencias?
Crear un contenido son muchísimas horas de preparación previa, de lectura, de investigación, de reflexión, de contraste de fuentes. Aparte uno va haciendo su propia alquimia y elaboración tanto de la forma como del fondo, del mensaje y de la manera en la que deseas articularlo, con qué cadencia, secuencia de ideas, en definitiva cuál será el camino creativo con el que quieres generar una introducción, un nudo y un desenlace. Como un buen plato a la hora de comer, se da la paradoja de que la preparación puede suponer cientos o miles de horas de ensayo y práctica a lo largo de los años, mientras que el simple acto de disfrutar de él puede llevar de apenas unos minutos. Lo mismo pasa con la preparación de un contenido que tiene que ser comunicado a una amplísima audiencia.

¿Qué haces para cuidar tu voz?
En mi adolescencia estudié música, piano y canto, y en aquel momento ya aprendí alguna noción para cuidar mi voz. Lamentablemente por circunstancias personales no pude seguir con esos estudios musicales. Pero muchos años después, superados ya los cuarenta años, tomé consciencia de la importancia de cuidar la voz. Me puse en contacto con una magnífica logopeda, y posteriormente con una profesora de canto que me enseñaron herramientas que llevo conmigo y que utilizo antes de hablar en público. Aparte de eso, si te fijas, me verás a menudo que llevo algún tipo de foulard o de bufanda, ya que tengo siempre la costumbre de mantener protegida la garganta porque los cambios bruscos de temperatura pueden provocarme afonía, y alguna vez ya me ha pasado y procuro evitarlo.

¿Cómo has notado que evolucionaba tu voz conforme a tu experiencia?
Creo que la voz de cada ser humano apartó de ser única, singular e irrepetible, es un síntoma de su modo de ser, de su estado de ánimo, de su estado físico tanto energético como de salud. Y he aprendido que no sólo mi voz, sino la voz en general aparte de ser un don extraordinario, evoluciona con el paso del tiempo y es uno de los síntomas más claros de cómo estámos y de cómo nos sentimos. En mi caso a medida que avanza la edad constato que su timbre va cambiando, noto también que no tengo que esforzarme tanto en proyectarla, o incluso a la hora de vocalizar he ido adquiriendo práctica y siento que me expreso con menos trabas y colegialas que cuando comencé hace veinticinco años. Y me atrevería decir que con el paso del tiempo y también gracias a lo que aprendido con los profesionales a los que antes me referido, la logopeda y la profesora de canto, he sabido apreciar este instrumento que tenemos, y he aprendido a cuidarlo para que esté en buen estado tanto de manera preventiva como paliativa. 

¿Qué hace a un buen orador?
Si miramos la palabra orador veremos que su origen etimológico viene de la voz orar, por lo tanto un orador es el que ora e invita a orar, el que propone y facilita una conexión con la emoción y con el pensamiento, que es capaz de llevarnos a un estado de reflexión de manera natural. Para mí un buen orador, en definitiva, es el que invita a orar como te decía, pero no desde una dimensión dogmática ni religiosa, cuando digo orar me refiero a que un buen orador es aquel que es capaz de despertar un diálogo interior con uno mismo, que es una práctica que por desgracia no hacemos habitualmente. Un buen orador tiene que provocar, cuestionar, y a la vez debe saber hacer llegar su mensaje de una manera amable y clara.

¿Qué consejo darías a quien comienza en el mundo de la oratoria?
Le diría que trabajen multidisciplinarmente. Es decir, que no sólo se formen en oratoria, si ni que también trabajen, por ejemplo, en talleres de psicodrama, que hagan cursos de teatro y que representen, que aprendan clases de canto, logopedia y por supuesto que preparen muchísimo y en profundidad la materia de la que quieren hablar. Eso implica mucha lectura, mucha investigación, mucho análisis, mucha reflexión, y eventualmente escribir mucho y a fondo sobre aquello que se desee comunicar porque es una magnífica manera de interiorizarlo, de integrarlo. Y por supuesto que estén abiertos a la crítica, tanto sobre lo que has escrito, sobre como lo que has dicho, porque las opiniones críticas son aquellas que cuando se hacen desde el respeto y el rigor actúan como verdaderos regalos y palancas de aprendizaje y transformación.

¿Dónde pueden nuestros lectores encontrar información actualizada sobre tus próximas charlas?
En mi página web www.alexrovira.com y también en las diferentes redes sociales: Facebook, Twitter, LinkedIn es donde anunciamos los eventos abiertos al público en los que soy invitado.
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Álex Rovira: Hay que zarandear emocionalmente a la audiencia

Isabel Villagar y Álex Rovira
Hoy comenzamos una nueva serie en la que entrevistaremos a los grandes protagonistas de la oratoria en castellano y comenzamos por uno de los más impactantes. Álex Rovira es una referencia en el campo de la conferencia profesional. Su manera de expresarse y explicar conceptos es cercana, didáctica y al mismo tiempo amena. Deja enganchado a la silla al oyente con una sonrisa de principio a final sin perder un ápice de seriedad en el contenido.

¿Cuál es el origen de tu vocación por dictar conferencias?
Ya antes de finalizar mi licenciatura, el decano de la universidad en la que estudiaba me propuso colaborar como asistente de algunos profesores. Allí comencé a ensayarme en el universo de la formación. Con el tiempo surgió también la oportunidad de impartir alguna conferencia, y a partir de ahí con la práctica vinieron más y más. La verdad es que nunca hubiera dicho que acabaría dedicando una parte de mi tiempo profesional a impartir conferencias como lo hago, pero la vida me ha llevado a ello.

En tu web www.alexrovira.com reivindicas el poder de transformación a través de la palabra y propugna la bondad, la voluntad, la responsabilidad, la generosidad, la cooperación, etc.. ¿Qué impacto cree que tiene en las personas un buen mensaje?
Sin duda, la palabra es una herramienta poderosísima, y es lo que nos permite intercambiar ideas, expresar emociones, en definitiva generar vínculos de calidad. Creo que tanto un buen libro, como una buena conversación tienen la capacidad de desvelar y de despertar y eventualmente de hacernos cuestionar, de zarandearnos o de provocarnos. Creo que un buen mensaje tiene que combinar tanto la interpelación a la dimensión cognitiva, es decir a la reflexión, a la crítica, al pensamiento, pero también tiene que zarandear emocionalmente e invitar a la acción.

¿Qué valor otorgas al desarrollo de la capacidad de hablar en público?
En relación a la palabra hay cuatro habilidades fundamentales: leer, escribir, escuchar y hablar. Por lo menos a mi, cuando era pequeño, y a muchos de mis compañeros y conocidos de mi generación que se han formado en España, se nos enseñó esencialmente a leer y a escribir, pero no recibimos apenas ningún tipo de formación sobre la importancia de saber escuchar y también de saberse expresar. Creo que eso es una carencia que arrastramos no sólo generacionalmente sino también como país si miramos otros países vecinos, especialmente del centro y del norte de Europa. En ese sentido, cuanto menos miedo tengamos a expresarnos en público, y cuanto más practiquemos la voluntad de hacernos entender y de entender al otro, por supuesto que mejoraremos nuestra capacidad de comunicar y eso es absolutamente crítico. 

En el mundo que viene, ¿qué crees que tendrá más importancia a la hora de comunicar?
Últimamente se habla mucho de tecnología, de digitalización, pero creo que se están olvidando lo principal: las humanidades. De qué sirve la tecnología si no hay un buen criterio que la gobierna y la gestiona. Para novedad los clásicos, y paradójicamente creo que en el mundo que viene seguir siendo absolutamente imprescindible el desarrollo de capacidades esencialmente humanas porque para llegar a corazón del otro aparte de bytes se necesita empatía, alteridad, generosidad, humildad, y todos los valores que tengan que ver con humanizar a la humanidad.

En tu libro Creer, Crear, Lograr conectas con tus lectores por el tono directo y preciso. A la hora de sentarte a la silla: ¿escribes como hablas? ¿hablas como escribes?
Procuro dirigirme tanto al lector como a las personas que están sentadas en la auditorio como lo haría hablándole a un amigo. Desde el máximo respeto, desde la máxima consideración y desde la voluntad de hacerme entender a la vez que con rigor. Tampoco a estas alturas no me pienso demasiado cuál es el tono que tengo que tomar, surge espontánea y naturalmente sin ningún tipo de esfuerzo. Supongo que se debe ya que son miles de horas de vuelo. 

¿Cómo preparas las conferencias?
Crear un contenido son muchísimas horas de preparación previa, de lectura, de investigación, de reflexión, de contraste de fuentes. Aparte uno va haciendo su propia alquimia y elaboración tanto de la forma como del fondo, del mensaje y de la manera en la que deseas articularlo, con qué cadencia, secuencia de ideas, en definitiva cuál será el camino creativo con el que quieres generar una introducción, un nudo y un desenlace. Como un buen plato a la hora de comer, se da la paradoja de que la preparación puede suponer cientos o miles de horas de ensayo y práctica a lo largo de los años, mientras que el simple acto de disfrutar de él puede llevar de apenas unos minutos. Lo mismo pasa con la preparación de un contenido que tiene que ser comunicado a una amplísima audiencia.

¿Qué haces para cuidar tu voz?
En mi adolescencia estudié música, piano y canto, y en aquel momento ya aprendí alguna noción para cuidar mi voz. Lamentablemente por circunstancias personales no pude seguir con esos estudios musicales. Pero muchos años después, superados ya los cuarenta años, tomé consciencia de la importancia de cuidar la voz. Me puse en contacto con una magnífica logopeda, y posteriormente con una profesora de canto que me enseñaron herramientas que llevo conmigo y que utilizo antes de hablar en público. Aparte de eso, si te fijas, me verás a menudo que llevo algún tipo de foulard o de bufanda, ya que tengo siempre la costumbre de mantener protegida la garganta porque los cambios bruscos de temperatura pueden provocarme afonía, y alguna vez ya me ha pasado y procuro evitarlo.

¿Cómo has notado que evolucionaba tu voz conforme a tu experiencia?
Creo que la voz de cada ser humano apartó de ser única, singular e irrepetible, es un síntoma de su modo de ser, de su estado de ánimo, de su estado físico tanto energético como de salud. Y he aprendido que no sólo mi voz, sino la voz en general aparte de ser un don extraordinario, evoluciona con el paso del tiempo y es uno de los síntomas más claros de cómo estámos y de cómo nos sentimos. En mi caso a medida que avanza la edad constato que su timbre va cambiando, noto también que no tengo que esforzarme tanto en proyectarla, o incluso a la hora de vocalizar he ido adquiriendo práctica y siento que me expreso con menos trabas y colegialas que cuando comencé hace veinticinco años. Y me atrevería decir que con el paso del tiempo y también gracias a lo que aprendido con los profesionales a los que antes me referido, la logopeda y la profesora de canto, he sabido apreciar este instrumento que tenemos, y he aprendido a cuidarlo para que esté en buen estado tanto de manera preventiva como paliativa. 

¿Qué hace a un buen orador?
Si miramos la palabra orador veremos que su origen etimológico viene de la voz orar, por lo tanto un orador es el que ora e invita a orar, el que propone y facilita una conexión con la emoción y con el pensamiento, que es capaz de llevarnos a un estado de reflexión de manera natural. Para mí un buen orador, en definitiva, es el que invita a orar como te decía, pero no desde una dimensión dogmática ni religiosa, cuando digo orar me refiero a que un buen orador es aquel que es capaz de despertar un diálogo interior con uno mismo, que es una práctica que por desgracia no hacemos habitualmente. Un buen orador tiene que provocar, cuestionar, y a la vez debe saber hacer llegar su mensaje de una manera amable y clara.

¿Qué consejo darías a quien comienza en el mundo de la oratoria?
Le diría que trabajen multidisciplinarmente. Es decir, que no sólo se formen en oratoria, si ni que también trabajen, por ejemplo, en talleres de psicodrama, que hagan cursos de teatro y que representen, que aprendan clases de canto, logopedia y por supuesto que preparen muchísimo y en profundidad la materia de la que quieren hablar. Eso implica mucha lectura, mucha investigación, mucho análisis, mucha reflexión, y eventualmente escribir mucho y a fondo sobre aquello que se desee comunicar porque es una magnífica manera de interiorizarlo, de integrarlo. Y por supuesto que estén abiertos a la crítica, tanto sobre lo que has escrito, sobre como lo que has dicho, porque las opiniones críticas son aquellas que cuando se hacen desde el respeto y el rigor actúan como verdaderos regalos y palancas de aprendizaje y transformación.

¿Dónde pueden nuestros lectores encontrar información actualizada sobre tus próximas charlas?
En mi página web www.alexrovira.com y también en las diferentes redes sociales: Facebook, Twitter, LinkedIn es donde anunciamos los eventos abiertos al público en los que soy invitado.
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