Antonín Dvořák (1841-1904): Larghetto de la Sonatina en sol mayor para violín y piano, Op. 100.
Segundo movimiento de la sonatina que Dvořák compuso durante su estancia en Estados Unidos inspirándose en la música de los nativos americanos. El título Indian Canzonetta, así como otros títulos alternativos con los que se le conoce, como Indian Lullaby o Indian Lament, no es idea del compositor sino del editor.
Transcripción para flauta dulce y piano por Massimo Pennesi. Esta partitura interactiva ha sido publicada originalmente en el post Indian Canzonetta, del blog educacionmusical.es.
Fritz Kreisler, 1914
Kreisler – Dvořák: Sonatina, op. 100, G. Larghetto (Indian Lament).
Aunque en alemán el término Lied se refiere a cualquier canción desde la Edad Medía hasta la actualidad, a nivel internacional esta palabra se suele utilizar sobre todo para definir la perfecta simbiosis entre música y poesía de la producción vocal camerística alemana del período romántico.
Generalmente la melodía de un Lied es encomendada a un o una solista con acompañamiento instrumental, generalmente de piano. Dicha melodía solía ser muy íntima, bastante alejada de las exuberancias de la ópera, para servir de vehículo eficaz a los versos potenciando su expresividad sin llegar nunca a eclipsarlos.
Dejando aparte las razones poéticas (en el sentido más amplio de esta palabra), existe también una razón “comercial” que favoreció el gran desarrollo de este género justamente en el siglo XIX. Una de las consecuencias culturales del auge de la burguesía tras la Revolución Francesa fue el enorme desarrollo de un sector de consumo musical anteriormente insignificante, no sólo proporcionando un público numeroso, algo que ya se daba durante el siglo XVIII, sino también en cuanto a producción: para usar un neologismo que se ha puesto muy de moda durante estos últimos años gracias a la Web 2.0, apareció el prosumer musical, productor y consumidor de música reunido en la misma persona. Para usar un término más tradicional, fueron cada vez más numerosos los amateurs que aprendían a cantar o tocar un instrumento para poder disfrutar de la música en pequeñas reuniones familiares o de amigos en una época en la que no existía ningún sistema de grabación y reproducción del sonido.
Estos aficionados solían demandar composiciones que no requerían un nivel técnico demasiado alto, es decir que no precisaran ni la extensión, ni la potencia, ni tampoco la agilidad de la voz de cantantes de ópera profesionales (aplicable también a los pianistas que les acompañaban) y no tenían ninguna dificultad para comprar una copia de la partitura, no sólo porque esta nueva clase social tenía un buen poder adquisitivo, sino porque sus precios habían bajado drásticamente gracias al desarrollo de la imprenta musical alemana durante la segunda mitad del siglo XVIII.
Hubo algunos compositores que se dedicaron de manera intensiva a escribir Lieder, entre los cuales sin duda destaca Franz Schubert, que en los menos de 32 años que duró su vida compuso más de 600, algunos de los cuales llegó a reutilizar para otras obras más complejas, como es el caso de La muerte y la doncella, cuya hermosa melodía sirvió como tema para las variaciones que constituyen el segundo movimiento del homónimo cuarteto, o el de La trucha, una obra juvenil que dio vida a diferentes acompañamientos pianísticos del mismo Schubert, que también la usó para el cuarto movimiento del quinteto para piano y cuerda al que dio nombre. En el vídeo siguiente podemos disfrutar un fragmento de la histórica interpretación de un equipo realmente asombroso: Itzhak Perlman al violín, Pinchas Zukerman a la viola, Jaqueline Du Pre al chelo, Zubin Mehta al contrabajo y Daniel Barenboim al piano, reunidos por el director de cine Christopher Nupen en el Queen Elizabeth Hall de Londres el 30 agosto de 1969 para su película The Trout.
Aunque ningún otro músico llegó a dedicarse de manera tan intensa al Lied como hizo Schubert, prácticamente todos los compositores alemanes que le siguieron se interesaron por este género. Entre ellos cabe destacar a Robert Schumann, Hugo Wolf, Richard Strauss y Gustav Mahler, además de la tríada vienesa formada por Schônberg, Berg y Weber. Aunque fuera del área germánica ya no podemos hablar de Lied, varios compositores franceses, como Berlioz, Debussy o Poulanc, rusos, como Mussorgsky o Rachmaninoff, o ingleses, como Vaughan Williams o Britten, escribieron canciones con características poéticas y musicales bastante similares a éste.
No me he olvidado de Brahms, más bien me lo tenía guardado para poder hablar con más calma de un Lied suyo bastante conocido, no sólo por los melómanos sino también por el gran público, incluyendo en éste también a niños y niñas y hasta bebés. Se trata de una de las nanas más célebres que existen, Wiegenlied: Guten Abend, gut’ Nacht (Canción de cuna: Buenas tardes, buenas noches).
Una particularidad muy importante de este Lied, así como de otros del mismo autor, es que está inspirado en la tradición popular alemana, ya que el primer verso de su letra pertenece a un texto de la colección Des Knaben Wunderhorn, una recopilación de poemas y canciones tradicionales que Achim von Arnim y Clemens Brentano publicaron a principios del siglo XIX. Aunque el trabajo de estos dos escritores refleja cierta idealización del folklore típica del nacionalismo romántico, estas primeras aproximaciones a la recuperación de la poesía y las melodías del pueblo (Volkslieder) son un paso importante hacia el nacimiento de la musicología comparada, a finales de ese mismo siglo, que a su vez dio paso, a mediados del siguiente, a la etnomusicología.
Y pensando en mi alumnado, además de con la habitual partitura para flauta dulce que acabo de arreglar, quiero terminar con este videotutorial para aprender a tocar esta nana con el ukelele. Aunque sea en alemán, estoy seguro de que este trabajo de Helmut Bickel resultará de utilidad también para los que no entiendan ni una palabra de este idioma (que es casi mi caso), gracias a una tablatura muy clara y a una secuencia de estudio bien planificada.
Su título original es Wiegenlied: Guten Abend, gut’ Nacht, Op. 49, nº4 (Buenas tardes, buenas noches), pero es más conocida como Canción de cuna o Nana de Brahms.
Transcripción para flauta dulce y piano por Massimo Pennesi. Esta partitura interactiva ha sido publicada originalmente en el post Guten Abend, gut’ Nacht, del blog educacionmusical.es.
Brahms: Wiegenlied, Op. 49, No. 4
Pia Eva Greiner, violonchelo y Amy I-Lin Cheng, piano.
1979: Abbado durante le prove del Wozzeck all’Opera di Parigi
Después de la difusión de la noticia de la muerte de Claudio Abbado, hace apenas unas horas, los perfiles sociales de los más grandes músicos en activo se han llenado de cariñosas palabras de recuerdo para el que ha sido uno de los más grandes directores de orquesta de todos los tiempos. Entre esos mensajes hay uno que me ha parecido realmente entrañable, el de Simon Rattle, que en 2002 le sucedió en el podio de la Orquesta Filarmónica de Berlín, una plaza que Abbado ocupó durante 13 años y que había sido previamente cubierta por otros pilares de la historia de la dirección de orquesta, músicos de la talla de Herbert von Karajan, Wilhelm Furtwängler, Sergiu Celibidache o Hans von Bülow.
En su post, Rattle ha usado dos veces una palabra que siempre he considerado imprescindible para definir a Abbado, más allá de todas las que puedan servir para describir su excepcional talento musical: generoso. La primera vez la usa describiendo la sorprendente actividad musical que nos ha regalado a todos durante los últimos 10 años, un período que Rattle define como veranillo (Indian summer), pues siguió al diagnóstico y a los primeros tratamientos, muy agresivos, de la enfermedad que finalmente le ha llevado al triste desenlace de esta mañana y que en ese momento parecía marcar el final de su carrera musical y de su vida.
En su breve pero intenso mensaje, Rattle nos cuenta unas palabras que el mismo Abbado le dijo hace pocos años: “Simon, mi enfermedad fue terrible, pero los resultados no han sido del todo malos: siento que de alguna manera ahora oigo desde el interior de mi cuerpo, como si la pérdida de mi estómago me hubiera dado oídos interiores. No puedo expresar esta sensación tan maravillosa. Y todavía puedo sentir que la música me salvó la vida en ese momento”. Un testimonio extremadamente conmovedor, en el que podemos entrever la fragilidad de una persona en lucha con la muerte y su agradecimiento con la música por darle la fuerza para superar esos terribles momentos. Su agradecimiento hacia la música y la vida fue tan profundo que dedicó sus últimos años a repartir ese gran don a los demás, no sólo en forma de inolvidables actuaciones como director de orquesta, sino también de gran dedicación a la formación de jóvenes músicos, ya fuera con la Orchestra Mozart de Bolonia, que él mismo fundó, o con la venezolana Orquesta Simón Bolívar, nacida dentro del Sistema y que Abbado dirigió con ilusión en numerosas ocasiones.
En la misma entrada de Facebook, Simon Rattle vuelve a usar la palabra generoso en un sentido más personal, refiriéndose a su relación profesional con el director italiano, que siempre le transmitió calor y cercanía. Y finaliza diciendo que Abbado “se queda en lo profundo de su corazón y de su memoria”, un sentimiento que compartimos muchos apasionados por la música.
Además de su indeleble recuerdo, nos quedan las grabaciones de algunos de esos momentos en los que con su preclara mente y sus nitidos gestos conseguía que una orquesta sonara de manera sublime, como en el vídeo siguiente, con la Orquesta del Festival de Lucerna interpretando una obra de la que hablábamos hace pocos días: la Sinfonía nº1 de Mahler, una de las interpretaciones más memorables de esa composición.
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